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Obedeciendo a nuestros principios

Obedeciendo a nuestros principios

Hablar de Desobediencia Civil está de moda. Este término últimamente no deja de aparecer en los medios de comunicación, como un concepto abstracto y aglutinador bajo el cuál se están resguardando diferentes colectivos y luchas. Pero, ¿qué es la Desobediencia Civil? Más que responder a esta pregunta, mejor pensemos en por qué o para qué hacer Desobediencia Civil, pues de otro modo parecería que estamos hablando de un fin en sí mismo, y no lo es.

La Desobediencia Civil no puede ni debe ser un fin, sino una herramienta política para conseguir unos fines concretos. Este medio tiene unas características básicas que son la ejecución de forma consciente, colectiva, pública, organizada y noviolenta, y es por esto que muchas veces cuando hablamos de noviolencia acabamos hablando de Desobediencia Civil y viceversa, y es por esto también por lo que la Desobediencia Civil no puede ser una estrategia desvinculada de nuestros fines o a la que recurrir en caso de que otras nos fallen. La Desobediencia Civil es una manifestación del pensamiento noviolento y por tanto va irremediablemente unida a éste.

Un poco de Historia

A pesar de que es ahora cuando parece que sale a la palestra la Desobediencia Civil como método de lucha y de transformación social, la necesidad del ser humano de cuestionarse las leyes, normas o imposiciones injustas y adoptar una actitud de oposición activa frente a ellas, es tan antigua como la propia historia de la humanidad.

En un interesante libro de Bidea Helburu: “500 ejemplos de noviolencia. Otra forma de contar la historia” encontramos de modo muy ilustrativo una serie de actos llevados a cabo por distintas personas que ponen en evidencia el modo en el que se narra la Historia, y como actos humildes, colectivos y valientes que ayudaron a la concienciación social y a la transformación, son sistemáticamente acallados, convirtiendo los libros de Historia en meras listas de la compra de conflictos bélicos; pero, como escribía Josemi Lorenzo Arribas en “En legítima desobediencia”: “Además (o por debajo) de la Historia está la memoria, y la memoria es también patrimonio irrenunciable de los pueblos. Memoria es resistencia”.

Mucho antes de Martin Luther King, Rosa Parks, Gandhi e incluso de Thoreau, al que podemos considerar el padre del término Desobediencia Civil con su ensayo publicado en 1848, encontramos ejemplos de desobediencia incluso en la época clásica. Hortensia, en el siglo I a.C., ante la petición de más recursos económicos para sostener la guerra, se dirigió en representación de las mujeres de su clase al foro (espacio masculino y de decisión política por excelencia) para exponer su negativa a pagar impuestos para la guerra.

Desde este antiguo ejemplo hasta los actuales de, por citar algunos, Stop Desahucios o las Corralas de Sevilla, nos encontramos un dilatado camino recorrido por infinidad de personas que han desafiado la obediencia a la autoridad y en definitiva, el orden establecido. Pero no nos equivoquemos, el que en muchas épocas antes que la nuestra se hayan dado ejemplos de Desobediencia Civil, no quita valor ni esfuerzo, a la decisión de adoptar esta potente arma.

“Todo hombre que tenga más razón que sus vecinos ya constituye una mayoría de uno” Thoreau

Desobedecer no es fácil. Implica en primer lugar un cambio personal e interno importante que va en contra de todo o casi todo lo que nos han enseñado. Desde nuestra infancia nos inducen a la obediencia ciega y castigan cualquier intención de disenso. Podemos encontrar diferentes artículos de Psicología que debaten extensamente por qué las personas obedecen incluso en contra de sus principio o intereses, concluyendo que la causa principal de la obediencia es el miedo. Básicamente el miedo a ejercer la libertad, y con ello tener que asumir las consecuencias finales de nuestros actos, y el miedo a la soledad, a que nuestra decisión de salir de las normas establecidas nos pueda causar no sólo aislamiento sino también el juicio de nuestros círculos sociales.

Pero habíamos dicho que una de las características de la Desobediencia Civil era la ejecución pública y colectiva, con lo que una vez asimilado el primer paso de duda interna y por así llamarlo, revolución interior, tenemos que externalizarla para, implicando a más personas, encender la mecha de la transformación social. Pasar del: una persona no puede cambiar el mundo, a por alguien se empieza.

Probablemente Pepe Beunza (el primer objetor de conciencia por motivos políticos en 1971 en el estado español) nunca se hubiera imaginado las consecuencias de hacer público su descontento frente a la obligación de realizar el servicio militar y obedecer en cambio a sus propios valores y principios; pero ese sentimiento de rechazo estaba latente en la población, y sólo hacía falta que una persona se decidiera a abrir la puerta, para que todo el resto le siguiéramos. Con esta misma premisa, un montón de colectivos y asociaciones están llevando a cabo campañas de Desobediencia Civil. Desde Objeción Fiscal (el grupo antimilitarista KEM-MOC de Bilbao vamos a poner este año en marcha una oficina de Objeción Fiscal) hasta okupaciones por parte de personas desahuciadas; desde negarse a la identificación hasta la lucha Anti-TAV, y un largo etcétera de alternativas a la obediencia ciega y a la resignación a las injusticias. Frente a una situación injusta, lo justo es desobedecer.

“(...) No sólo la capacidad de desobediencia es la condición de la libertad; la libetad es también la condición de la desobediencia. Si temo a la libertad no puedo atreverme a decir NO, no puedo tener el coraje de ser desobediente. En verdad, la libertad y la capacidad de desobediencia son inseparables, de ahí que cualquier sistema social, político y religioso que proclame la libertad pero reprima la desobediencia, no puede ser sincero”
E.Fromm “Sobre la desobediencia y otros ensayos

Otros links interesantes:

Blog de las Jornadas de Noviolencia 2013: Iraultzagintza

Vídeo de la acción “Cómo un casco militar se convirtió en símbolo antimilitarista

Web de AA-MOC Insumissia

Plataforma de Desobediencia Civil de Madrid

Manual de “Cómo realizar una Acción Directa Noviolenta y no sucumbir en el intento

Manual para campañas noviolentas

Texto: KEM-MOC Bilboko Talde Antimilitarista
para Goitibera Aldizkaria

  • 27 de abril de 2013 22:01, por irauli

    Desde la gente que se considera noviolenta siempre ha habido un empeño en utilizar la siguiente frase que aparece también en el texto del artículo: «La Desobediencia Civil es una manifestación del pensamiento noviolento y por tanto va irremediablemente unida a éste» No sólo creo que no es cierta (hay muchos grupos realizando desde hace años campañas y estrategias de desobediencia civil sin que las personas que los componen sean noviolentas)sino que además creo que no contribuye en absoluto a sumar fuerzas a las campañas de desobediencia civil, ya que una cosa es compartir estrategia y otra distinta compartir ideología noviolenta. Aunque desde la ideología noviolenta, según en qué lugares, se haya contribuido bastante al conocimientos y desarrollo de la desobediencia civil, ésta no es patrimonio de esa ideología, sina una herramienta de lucha y confrontación social contra quienes controlan alguna forma de poder no legítimo. Esta «patrimonialización» de la desobediencia tiene ya demasiados años de existencia y me entristece seguir viéndola, más en un grupo como el KEM de Bilbo que vive una situación sociopolítica como la que hay en Euskal Herria y en la que la desobediencia civil generalizada podría convertirse en una herramientas utilísima en la actual coyuntura.

    • 28 de abril de 2013 02:17

      Discrepo en alguna cosa y estoy de acuerdo en otras, con lo dicho en el comentario anterior.

      Pienso que la Desobediencia Civil solo es tal si se practica desde la referencia teórica de la Noviolencia y se ejercita evitando todo tipo de violencia. Los progenitores del concepto (Thoreau, Tolstoi. Gandhi...) lo definieron muy claramente en ese sentido, y así se ha venido practicando en todo tipo de circunstancias, desde las resistencias civiles noviolentas al nazismo en la segunda guerra mundial, por ejemplo, a las campañas actuales contra el gasto militar. Otra cosa será que haya movimientos que impulsen luchas contra el sistema que sumen acciones desobedientes a tácticas violentas, pero en ese caso no creo que «desobediencia civil» sea un término a usar de forma cabal. Sería mejor hablar de insurgencia, resistencia etc. Porque si no, se está produciendo una apropiación de las palabras que acaba por mezclar y confundir. Y yo, como persona que no creo en medios violentos, no deseo se confundido con quienes sí apuestan por ese tipo de medios, aunque tengamos fines supuestamente parecidos.

      Por un lado. Por el otro me parece una equivocación que los colectivos antimilitaristas entiendan como sinónimos la desobediencia civil y la noviolencia, que es cosa que más o menos se viene a decir en el artículo de arriba. Es como que juntamos todos los ingredientes de cualquier manera y hacemos un caldo. Me parece que de este tipo de ultrasimplificaciones de la teoría política al albur de las palabras que suenan mejor y son más mediáticas, solo resulta un activismo con poca punta, que deja atrás y olvidado su propio marco teórico y se vuelve puramente autorreferencial en su misma acción. En general el artículo me resulta francamente flojo a nivel teórico político. No lo digo por molestar, que conste, que este grupo me cae bien, sino como crítica externa.

      • 28 de abril de 2013 10:38, por irauli

        No discuto en absoluto que los impulsores de la desobediencia civil como los que tú citas lo hicieran desde planteamientos noviolentos. Lo que sí digo es que una cosa es la noviolencia como ideología y otra la desobediencia civil que es una de las muchas herramientas de una estrategi de acción noviolenta. Igual se entiende mejor con un ejemplo de los varios posibles: Los grupos de la asamblea anti TAV han abogado por y practicado una estrategia de acción noviolenta, pero buena parte de las personas que forman parte de ese colectivo no se definen ni consideran noviolentas. A mi entender el que personas que no se consideran noviolentas ideológicamente practiquen dinámicas basadas en estrategias noviolentas me parece muy positivo, más aún teniendo en cuenta que, por ejemplo, la desobediencia civil necesita de la particpación de una parte importante de la población. En las resistencias civiles al nazismo que comentas la opción de buena parte de la población por la resistencia civil no fue tanto desde un convencimiento ideológico político sobre la noviolencia sino simplemente por una elección estratégica ya que otro tipo de resistencias tenían aún muchas menos posibilidades de éxito.
        En el resto creo que estamos bastante de acuerdo, y agradezco el intercambio de opiniones, que siempre enriquece.

        • 3 de mayo de 2013 09:12

          En mi opinión, la DC es una herramienta de la noviolencia. Y, por supuesto, se puede participar en una campaña de DC sin ser una persona noviolenta, simplemente, por ejemplo, por motivos de eficacia. No todos los insumisos eran noviolentos. No es lo mismo ser noviolenta que utilizar una estrategia noviolenta. Sin embargo, el hecho de que personas o colectivos que han participado públicamente en acciones o campañas violentas (y son conocidos por ello) lo hagan en campañas de DC puede desligitimar estas últimas, especialmente si se combinan las herramientas violentas y noviolentas al mismo tiempo. En otras palabras, que las herramientas noviolentas son más eficaces cuando van unidas a una trayectoria y una filosofía noviolentas. Pero, por supuesto, que sean muy bienvenidas todas las personas y grupos a las estrategias noviolentas, independientemente de su pasado.

          • 3 de mayo de 2013 11:21, por Irauli

            Estando de acuerdo con lo que planteas, hay una cuestión a la que me parece importante darle un par de vueltas, pues la situación es nueva y creo que lo merece, aunque no sé si es éste el post adecuado para este debate. En Euskal Herria, en la actualidad hay sectores que durante mucho tiempo han apoyado una estrategia armada, hoy en día parecen apostar decididamente por una estrategia de desobediencia civil (y no parece un simple movimiento táctico). En esta coyuntura concreta pienso que quienes siempre hemos considerado la Desobediencia Civil como una herramienta adecuada para la autodeterminación de Euskal Herria deberíamos alegrarnos y buscar cauces de trabajo conjunto en esa línea, sin caer en ingenuidades, claro, pero tampoco practicando purismos que impidan ese trabajo conjunto. El tema tiene mucha más enjundia, y aquí sólo lo dejo apuntado.

            • 6 de mayo de 2013 00:17

              Yo me alegro, por supuestísimo, y estoy dispuesto al trabajo conjunto, ¡faltaría más! Pero tengo la triste sensación de que el salto a la desobediencia civil de las bases llega ordenado desde la cúpula, y eso no me convence en absoluto. Veremos lo que da.

              • 6 de mayo de 2013 08:42, por Irauli

                Yo lo que veo hasta ahora es lo contrario, buena parte de lo que llamas «bases» apostando por ella y son «los de arriba» los que intentan frenarla, porque la temen, saben que un proceso desobediente surgido desde abajo les cuestionaría rápìdamente.

      • 6 de mayo de 2013 13:49

        Siento discrepar: la DC no es una herramienta de la noviolencia. La DC es una forma de lucha que puede ser noviolenta o violenta. Afortunadamente, la DC no es patrimonio del antimilitarismo.
        DC es negarse a acatar algo por las razones que sean buscando que una “masa” social amplia se sienta identificada con las razones y con sus métodos de lucha, y puede ser clandestina –aunque busque la atención de la opinión pública.
        Una estrategia violenta, con un amplio colchón social, seguida y practicada por un número importante de personas, que recaba simpatías, que realiza sus acciones clandestinas pero claramente contextualizadas, y que busca un cambio –de mentalidad, de una ley, para hacer inviable alguna práctica…– es DC -y no estoy hablando de lucha armada, por supuesto.

        • 8 de mayo de 2013 00:26

          Es una propuesta de definición que no comparto. ¿Está avalada en fuentes documentales, o es simplemente tu idea pesonal de lo que debería ser, o te gustaría que fuera, la DC? Saludos.

          • 8 de mayo de 2013 11:32

            Por matizar, diré que la DC no es una herramienta exclusiva de la noviolencia o, si lo prefieres, que la DC no tiene por qué estar adjetivada.

            Por otro lado, me hace gracia lo de las «fuentes documentales». Estoy dando una opinión, no haciendo una tesis doctoral, y en todo caso me puedes preguntar si hay algún ejemplo que pudiera encajar en esta definición. Bien: pues creo que sí lo hay. Pondré dos ejemplos. Los ultraortodoxos judíos que son desalojados de asentamientos en tierras palestinas por su propio gobierno suelen llamar a la DC violenta contra las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de su propio país. Toda la comunidad se lo toma muy en serio. Para ellos es una decisión injusta y se oponen a ella de forma violenta, apedreando, disparando, haciendo barricadas, cortando calles, quemando mobiliario urbano… y lo hacen a veces de forma clandestina y otras cuerpo a cuerpo, extendiendo el conflicto y recabando apoyos -y críticas- más allá del asentamiento. En estas campañas, que duran meses -o años-, colabora casi toda la comunidad. También se suelen implicar el resto de comunidades que se encuentran en similar situación (a veces se ayudan entre sí) y extienden la DC a otras acciones como hostigar al ministro del ejército o de la policía, al alcalde, se niegan a pagar impuestos, etc. También podría pensarse que el pueblo palestino desarrolla una estrategia de DC violenta contra la ocupación, pero quería mencionar al EZLN. El EZLN habla de DC, sin apellidos; a veces es noviolenta y otras violenta, pero su estrategia de DC es lo que no cambia o lo que cambia ligeramente para adecuarse a las diversas situaciones que se van encontrando.

            No se trata de lo que a mí me guste o me deje de gustar (eso es un juicio de valor) sino de si es de recibo seguir calificando la DC.

          • 8 de mayo de 2013 21:14, por Irauli

            Yo tampoco creo fundamental la «documentación» para sostener una idea, pero la idea de la desobediencia civil violenta se puede documentar ya que para bien o para mal (que de todo hay) el debate sobre la cuestión hace mucho que trascendió del campo de quienes estamos en movimientos sociales o populares, para alcanzar el de quienes teorizan desde otros ámbitos. Añado algunos de los bastantes ejempos posibles:
            DESOBEDIENCIA CIVIL Y ESTADO DE DERECHO.
            LA CULTURA DE LA PROTESTA
            Humberto Schettino ®
            Humberto Schettino. Doctor en Filosofía.
            Es cierto que, durante los años sesenta, para algunos autores la desobediencia civil violenta resultaba justificable, y para ellos el argumento estaba basado en la opresión de que eran víctimas obreros no sólo por el Estado, sino también por corporaciones (empresas). Es decir, el uso de la violencia (entendida aquí como el ataque físico a otras personas y cosas con la intención deliberada de producir algún daño y/o de evitar algún tipo de violencia del Estado o corporaciones) estaba justificado por la opresión. Y, sin embargo, hay que situar esta defensa de la violencia civil como parte de la desobediencia civil, en su justa dimensión. Todo el argumento depende de la«opresión» o, puesto en términos tradicionales, de la «tiranía». Como ya John Locke señalaba a principios del siglo XVII, los ciudadanos tienen el derecho de rebelarse cuando se enfrentan a gobiernos tiránicos, que no respetan «vida, libertad o propiedades». La violencia como método de desobediencia civil se justifica, entonces, sólo en casos de vida o muerte. Ver, por ejemplo, Michael Walzer: Obligations, Harvard University Press, Boston, 1970; y Carl Cohen, Civil Disobedience, Columbia University Press, New York, 1971
            http://ghrendhel.tripod.com/textos/...

            CASTIGO Y JUSTIFICACIÓN DE LA DESOBEDIENCIA CIVIL EN EL ESTADO CONSTITUCIONAL DE DERECHO
            José Mateos Martínez
            Doctor en Derecho Constitucional por la Universidad de Bolonia y becario de investigación del Departamento de Fundamentos del Orden Jurídico y Constitucional de la Universidad de Murcia.

            Hemos analizado la desobediencia civil y su justificación total o parcial, partiendo de la premisa de su naturaleza pacífica, pero ¿qué sucedería si se tornase violenta? Autores como Rawls llegan a entender que, si las demandas populares legítimas externalizadas mediante la desobediencia no se satisfacen y la situación de injusticia generada se vuelve insoportable, dicha desobediencia puede tornarse violenta, y en ese caso los responsables de los disturbios no serán los ciudadanos denigrados por su gobierno, sino el gobierno que se niega a reconocer sus derechos más elementales28. Es decir, Rawls admite el concepto de desobediencia civil violenta en supuestos excepcionales.
            Desde nuestra perspectiva, esta desobediencia civil violenta sólo puede considerarse justificada conforme a Derecho si la violencia de sus protagonistas se limita a la legítima defensa, es decir, a la resistencia frente a las fuerzas policiales que pretenden forzarles a cesar en sus acciones reivindicativas usando la violencia, y posteriormente la ley contra la que protestan es declarada inconstitucional. Si no fuese declarada inconstitucional pero se diesen las dudas razonables sobre el rigor de la sentencia del Tribunal Constitucional que señalamos anteriormente, podría eximírsele de responsabilidad penal con base en el error invencible, entendiéndose que el ciudadano se resistió violentamente contra la policía al estar legítimamente convencido de que las fuerzas de seguridad estaban violando un derecho fundamental que le pertenecía mediante el uso de la violencia. Si finalmente la ley fuese declarada constitucional con una sentencia rigurosa, deberían sufrir la condena derivada de su conducta, si bien atenuada.
            http://www.rtfd.es/numero15/02-15.pdf

            JEAN L. COHÉN Y ANDREW ARATO
            SOCIEDAD CIVIL Y TEORÍA
            POLÍTICA
            [Hanna] Arendt también quiere situar la desobediencia civil entre la criminalidad y la
            revolución abierta, pero, a diferencia del liberal o del jurista, no insiste en la no
            violencia como característica distintiva de la desobediencia civil, ni hace énfasis en la
            violación de los derechos individuales. De hecho, cita a todo el corpus de la legislación laboral —el derecho a la negociación colectiva,
            el derecho a organizarse y a preparar huelgas— como ejemplos de derechos que
            tendemos a dar por sentados hoy en día, pero que fueron precedidos por décadas de
            desobediencia civil violenta que desafiaba lo que en última instancia demostraron ser leyes
            obsoletas.80 Por tanto, lo específico de la desobediencia civil debe ser situado en otro
            lugar. El principal problema que enfrentan las democracias constitucionales es si las
            instituciones de la libertad son lo suficientemente flexibles para sobrevivir la abrumadora
            presión por el cambio sin una guerra civil o una revolución. La relación de la
            desobediencia civil con la ley depende de la respuesta a esta pregunta. El punto de Arendt
            no es afirmar la violencia, porque ve a la violencia como lo contrario de la acción política,
            y la desobediencia civil como acción política par excellence. Pero la acción colectiva es
            compleja; no es el carácter violento o no violento de un conflicto lo que distingue a la
            desobediencia civil de la insurrección, sino más bien el espíritu de la acción y el espíritu de
            las leyes a las cuales está dirigida.
            http://148.206.53.231/especiales/de...

            Ramírez, Ramírez, Celedonio; Filosofía y política de Daniel Oduber. Editorial Universidad Estatal a Distancia, Costa Rica 2004
            En el momento histórico que Daniel escribe su tesis las “huelgas” se inscriben principalmente dentro de una “Filosofía Política”, no sólo comprometida con la idea de que el cambio social se logra por medio de “Conflicto”, sino también con la idea de que este conflicto hay que escalarlo y globalizarlo hasta destruir el orden establecido. Por ello, Daniel Oduber señala también que, según Guide, los Sindicatos Rojos ven la huelga como un medio para iniciar la “lucha de clases” o como un preludio de la desobediencia civil violenta.

            El encuentro y enfrentamiento del alcance de estos términos permite
            establecer un número diferente de manifestaciones que son relevantes a nuestros efectos
            en tanto que se exteriorizan en la sociedad o ante el grupo y alteran su estabilidad, y
            que si bien gozan de elementos que crean diferencias conceptuales, responden a una
            misma naturaleza y parten del mismo sujeto: la objeción de conciencia y el individuo,
            respectivamente. Así, tenemos la propia objeción de conciencia, la desobediencia civil y
            la resistencia. La primera hace referencia al individuo y su desarrollo, y lo es tanto el
            que objeta contra una norma porque se lo permite el Ordenamiento jurídico (servicio
            militar) como aquel que no tiene el respaldo del Ordenamiento y consiguientemente lo
            infringe. La desobediencia civil es una proyección del segundo alcance mencionado en
            lo referente a la objeción de conciencia, pero que tiene su diferenciación máxima en la
            forma de exteriorización, la cual, como grupo coherente, necesita partir de un principio
            de planificación (Rawls) y fruto de esa maquinación podremos obtener una
            desobediencia civil violenta o no violenta, que conceptualmente podrá adoptar un
            distinto nombre (desobediencia revolucionaria -J.Raz-; disidencia extrema -Malen-;
            resistencia -Passerin D’Entreves, etc.).
            http://www.vrsrucabado.com/Docs/DES...

            • 12 de mayo de 2013 01:01

              Son muy interesantes las dos últimas aportaciones, y esta última especialmente trabajada y documentada.
              Muchas gracias. Veo y entiendo que hay quienes se han referido desde ámbitos políticos y jurídicos a acciones de resistencia violenta contra la injusticia por parte del poder (siempre que hay un poder ya hay per se una injusticia, y no se precisan circunstancias extraordinarias como las invocadas para justificar nada, ¿no?) con la nomenclatura de Desobediencia Civil. Pero en todo caso me parece una apuesta por utilizar ese término en lugar de usar otros más apropiados como resistencia, insurgencia, insurrección etc. Fue Thoreau, si no me falta información, quien usó por primera vez la expresión DC para referirse a un tipo de acción política consistente, más o menos, en no acatar determinadas leyes que se consideran injustas estando dispuesto a sufrir las represalias del poder. Thoreau no era noviolento y admitía el uso de la violencia en determinadas circunstancias, pero a eso no lo llamaba DC. El término DC fue recogido, corregidme si me equivoco, por Tolstoi y Gandhi, quienes lo divulgaron mundialmente, especialmente éste último, llevando la DC a la práctica a gran escala y dándole un nombre similar, que traducido al idioma propio se decía satyagraha.

              Yo creo que la palabra «desobediencia», en el contexto político en el que se crea y desarrolla en la primera mitad del siglo XX, apela a una forma de enfrentarse al poder novedosa de alguna forma con respecto a las luchas anteriores. Y la principal novedad que incorpora es la búsqueda programada y estratégica de resultados prácticos, presionando y obligando al poder a concederlos, pero sin utilizar la violencia.

              Las utilizaciones posteriores, en general bastante recientes, del concepto DC para aplicarlo a luchas que incluyen formas violentas de enfrentamiento y resistencia al poder, aunque existan y se utilicen, como bien se ha documentado aquí, me parecen una apropiación interesada e ilegítima del término por parte de instancias políticas de oposición que buscan precisamente eso; legitimidad para sus métodos.

              Por esa razón, me sigo oponiendo a que a ese tipo de prácticas se las denomine Desobediencia Civil y me parece una calamidad esa mezcla que al final vuelve vago e impreciso el término y lo hace válido para cualquier tipo de estrategia contra el poder.

              Naturalmente lo que a mi me parecezca bien o mal no tiene aplicaciones prácticas en este caso, ya que el lenguaje es de quienes lo hablan y no admite propietarios.

              En el peor de los casos nos tocará renunciar al término Desobediencia Civil y crear otro nuevo para nombrar el tipo de acciones políticas desobedientes que renuncian a la violencia en distinción de las luchas que sí creen en ella como medio de mejorar las cosas.

              Saludos.

              • 12 de mayo de 2013 18:09, por Irauli

                Se agradece el tono dialogante de este comentario, pero intentando avanzar un poco más en el debate abierto, planteo una cuestión, que más que una cuestión es una duda o pregunta que no acierto a contestarme ¿por qué se vive tan mal desde planteamientos noviolentos el que haya gente que -sin ser noviolenta- sepa reconocer los méritos de la desobediencia civil hasta terminar adoptándola como estrategia propia?

                En los tiempos de la insumisión a la mili las gentes antimilitaristas que lanzaron la campaña de insumisión (esencialmente el MOC) lo hacían desde posturas antimilitaristas (superando claramente el simple negarse o escaquearse de la mili), pero luego se fue muy abiertas a que se incorporaran a esa estrategia gentes que no necesariamente coincidían con ese planteamiento antimilitarista y que únicamente (o casi únicamente) tenían como objetivo el librarse de la mili. Ese aumento cuantitativo (en detrimento del “recorte cualitativo” de contenidos) fue una de las claves del éxito de la insumisión, al conseguir que participasen en ellas muchas más personas (y entornos ideológicos). En ese contexto nadie se “escandalizaba” porque gentes no antimilitaristas (simplemente antimilis) tomaran parte y practicaran una estrategia antimilitarista. Es más, cuando hasta Jarrai pasó de defender “la mili con los milis” a tomar parte en la insumisión la lectura que se hacía, en lo general, era que suponía un paso positivo adelante.

                Pues creo que ahora la situación es parecida. A mi, que no abrazo la noviolencia, pero que desde hace muchos años defiendo (y practico) las posibilidades de la desobediencia civil, me produce placer ver cómo gentes que hasta ahora rechazaban la estrategia de la desobediencia civil, ahora la ponen en práctica (el último caso llamativo el del Aske gunea de Donostia), y se me hace muy difícil entender el sentimiento patrimonialista que lleva a algunas personas noviolentas a vivir con desagrado esas prácticas de desobediencia civil. Creo que desgraciadamente se puede perder una oportunidad de, pudiendo estar de acuerdo en la estrategia, trabajar conjuntamente en algunos objetivos transformadores de la cruel y sangrante realidad sociopolítca actual.

Alternativa Antimilitarista - Moc
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