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Mentiras para justificar el ejército español. 7: Nuestro ejército es “humanitario”

Mentiras para justificar el ejército español. 7: Nuestro ejército es “humanitario”

7.- Nuestro ejército es “humanitario”

No es cierto que los ejércitos se dediquen preferencialmente a tareas humanitarias. Según datos del propio ministerio español de defensa sólo un 1% del gasto de la misión en Afganistán, que es cuantiosísima, se emplea en ayuda humanitaria. Inversión que les sale bien a cuenta, ya que es la excusa perfecta para realizar una publicidad engañosa con respecto a lo que los militares realmente hacen allí.

Los ejércitos no existen para ser oenegés. Su sentido y misión es otra. De eso se quejan incluso militares españoles de alto rango; de que a base de tratar de disfrazar de rosa ante la opinión pública lo que el ejército es, los políticos han llegado a desvirtuarlo. Un ejército existe para ejercer la política por la fuerza de las armas, y esa es su razón de existir. Para ello se recluta gente, se la forma, se le entrena, y se gasta un dineral en armamento y no en lápices o medicinas.

De unos años a esta parte los políticos tratan de “adornar” las misiones militares en el extranjero, que como hemos reseñado en epígrafes anteriores, tienen sus claras motivaciones económicas, con todo tipo de gestos de cara a la galería, y especialmente de cara a la televisión. Militares que reparten comida a la gente, que juegan con los niños, que curan enfermos etc etc. Propaganda, propaganda y propaganda. La realidad es que ese tipo de actividades nunca son la razón de la presencia militar en un escenario bélico en el extranjero. Se va a otras cosas, pero aprovechando que se está allí y que se tiene tiempo libre (si se tiene, porque en Afganistán tienen todo tipo de problemas militares y bastante hacen con seguir vivos) el ministerio de defensa se gasta unas migajas de su enorme presupuesto en estas tareas que le son tan rentables mediáticamente y que tan bien se esfuerzan en difundir, al contrario que el resto de cosas que suceden en estos sitios.

Lo cierto es que este tipo de intervenciones dudosamente “humanitarias” que realizan en estos lugares los ejércitos están muy denunciadas por todo tipo de organizaciones independientes de solidaridad que trabajan en esos países. Están denunciadas porque usurpan su tarea y acaban poniendo en peligro a los cooperantes, que acaban siendo inindistinguibles de los soldados por parte de la población civil. También están denunciadas porque la ayuda que dan es ínfima y su coste es máximo. Hay todo tipo de estudios que comparan el coste de actuaciones militares “humanitarias” con actuaciones similares realizadas en esos sitios por oenegés independientes. La diferencia de costes y resultados es un verdadero escándalo.

Por último decir que si realmente las misiones militares en estos países obedecieran a una verdadera sensibilidad e interés humanitario, con el dinero que se gastan en desplazar un ejército con todo su arsenal se podrían enviar ingenieros, bomberos, médicos, es decir auténticos profesionales en su oficio, convenientemente formados, y no gente cuya “profesión” es la de guerrear y que colateralmente hace otra cosa. Además se les podría enviar con todo tipo de materiales y de fondos para hacer una labor verdaderamente eficaz y duradera.

Un ejemplo a continuación:

¿Cual es realmente la eficacia de los ejércitos como agentes de ayuda humanitaria?

Jordi Raich, coordinador de proyectos humanitarios y escritor (www.jordi-raich.com)

Texto tomado del libro“Humanitarismo militar, Militarismo humanitario”, editado por el Centre Delàs:

“El ejército regala arroz sin hacer estudios nutricionales. Monta hospitales para operar gente de cáncer cuando los problemas más grandes son las diarreas. Instala motobombas en los pozos para sacar el agua en vez de utilizar cubos, sin prever quien pagará el combustible ni de dónde saldrán las piezas de repuesto cuando se estropeen. Reparten medicamentos sin seguir los protocolos de sanidad. Apenas proporcionan formación a las víctimas y ni se les pasa por la cabeza pensar en la continuidad o la sostenibilidad de los proyectos. Básicamente, los reclutas curan y alimentan a las poblaciones los meses que dura su invasión particular. Después, recogen los trastos y se van con la conciencia tranquila, convencidos de haber hecho un gran trabajo.
(…)
Por definición lo que las fuerzas armadas hacen no es salvar vidas, sino intentar limitar el número de muertes, sobre todo entre sus propias filas. Y matar a poca gente es muy diferente que salvar vidas, aunque muy a menudo se mezcla una cosa con la otra. El paradigma de esta farsa es esta combinación de la que he hablado antes, de balas y arroz, que equivale básicamente a defender las víctimas primero y matarlas después, o por tranquilidad de nuestras conciencias, matarlas con el estómago lleno.”

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