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Godzilla en Madrid 13. Balata, Jenín y Nablús: la guerra en el salón de tu casa

Godzilla en Madrid 13. Balata, Jenín y Nablús: la guerra en el salón de tu casa

GODZILLA EN MADRID

PROGRAMA 13

AUDIO DEL PROGRAMA:

Balata, Jenín y Nablús: la guerra en el salón de tu casa


BALATA, JENÍN Y NABLÚS: LA GUERRA EN EL SALÓN DE TU CASA

Fragmento del libro: “A través de los muros. Cómo el ejército israelí se apropió de la teoría postmoderna y reinventó la guerra urbana”. El extracto que se ofrece a continuación ofrece una reflexión sobre los nuevos métodos de las fuerzas armadas israelíes, los cuales, amparados en una teoría innovadora y un gran avance tecnológico, pretenden venderse como más inocuos.

… un agujero en la pared puede ser menos destructivo que el derrumbe de la casa entera, pero si las fuerzas de ocupación no fueran capaces de entrar en los campos de refugiados sin tener que echarlos abajo, tal y como ocurrió en Jenín, y teniendo en cuenta la oposición local e internacional a este tipo de operaciones, lo más probable es que evitaran atacar los campos de refugiados, o que al menos no lo hicieran tan frecuentemente como lo hacen ahora que han encontrado la herramienta para realizar estas operaciones de forma “más barata”. Es decir, casi a diario. En este sentido, la logística militar israelí presentó al Gobierno una solución táctica para un problema político.

En los términos de esta necro-economía, los ataques se presentan como un “mal menor” alternativo frente a la destrucción brutal de vidas y tejido urbano. Sin embargo, como ya sugirió el filósofo israelí Adi Ophir, esta concepción del mal menor es problemática, incluso en los términos “económicos” que ellos mismos proponen. El supuesto mal menor siempre puede llegar a ser más violento que la violencia a la que se opone. Una medida menos brutal puede ser fácilmente naturalizada, aceptada y tolerada. Y cuando los métodos excepcionales se normalizan pueden ser aplicados con más frecuencia. De manera que los males menores podrían conducirnos a males mayores, incluso aceptando la regla económica invocada por quienes los proponen.

Igualmente, la supuesta capacidad militar para ejecutar acciones destructivas de carácter selectivo y asesinatos “controlados”, “elegantes”, certeros hasta el milímetro y discriminados, podría generar más destrucción y muerte que las estrategias tradicionales, porque estos métodos, combinados con la retórica manipuladora y eufórica utilizada para promulgarlos, inducen a los agentes que han de tomar decisiones a autorizar un uso frecuente y extenso. Cuanto más bajo se cree que es el umbral de la violencia de ciertos medios, más frecuentemente son aplicados. Los promotores de los instrumentos, las técnicas y el apoyo retórico relativos a los llamados “males menores” creen que, desarrollándolos y perfeccionándolos, ejercen de hecho un impacto restrictivo sobre el Gobierno y sobre el resto de las fuerzas de seguridad, que de otro modo vencerían en su empeño de radicalizar aún más la violencia. La destrucción según objetivos precisos se presenta como la alternativa más moderada a la capacidad de destrucción devastadora que actualmente posee el ejército, y que se desataría en caso de que el enemigo excediera los niveles aceptables de violencia o transgrediera algún tipo de acuerdo táctico en el discurrir violento de ataques y represalias.
Uno de los objetivos principales de las nuevas tácticas desarrolladas fue liberar a Israel de la necesidad de estar físicamente presente en los territorios palestinos, sin dejar de mantener un control de seguridad pleno. Reemplazar la presencia en los territorios ocupados con la capacidad para desplazarse a través de ellos, y producir en ellos lo que denominan “efectos”, que son “operaciones como ataques aéreos o incursiones de comandos de asalto que afectan desde un punto de vista psicológico y organizativo al enemigo”. Las tácticas desarrolladas intentan generar herramientas para reemplazar el antiguo modo de dominación territorial por un modelo más novedoso de dominación desterritorializado.

Pero las condiciones israelíes para alcanzar cualquier tipo de pacto territorial, retirada parcial o establecimiento de fronteras temporales, tal y como ha demostrado la reciente invasión de Gaza tras su previa evacuación, están caracterizadas por su habilidad para anular el compromiso y entrar en los territorios en caso de que se produzca una situación que consideren de emergencia. En los acuerdos de Oslo, el compromiso de Israel de retirarse de las ciudades y pueblos palestinos fue acompañado por una cláusula de excepción que garantiza su derecho, en circunstancias que ellos mismos pueden determinar, a la “persecución implacable”, es decir, el derecho a entrar en las áreas palestinas, penetrar en los vecindarios y en las casas buscando sospechosos, y llevarse a estos últimos bajo custodia con el fin de interrogarlos y detenerlos en Israel.

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