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Henry Kissinger, el criminal de guerra con suerte

Parece que el castigo recibido es inversamente proporcional al crimen que se comete

Sección:EEUU
Miércoles 15 de junio de 2011 0 comentario(s) 2009 visita(s)

Por David Jiménez

No le falta razón al activista Reed Brody al describir el final de muchos tiranos en términos matemáticos. Si matas a alguien vas a la cárcel, si tiroteas a 20 personas en un McDonald’s acabas en un psiquiátrico y si eliminas a 20.000 enemigos políticos te buscan asilo político.

Quizá es hora de añadir un nivel superior a la escala. ¿Qué ocurre si fomentas golpes de Estado contra gobiernos legítimos, conspiras con dictadores para que eliminen a los que piensan diferente, bombardeas países en secreto...? Si tu nombre es Henry Kissinger, puedes cobrar una fortuna por conferencia, escribir columnas de opinión en The New York Times e incluso convertirte en el último fichaje estrella de la FIFA.

El ex secretario de Estado usamericano forma parte del surrealista equipo -junto a Plácido Domingo o el director del FBI Louis Freeh- propuesto por ’El Padrino’ de la FIFA Sepp Blatter para limpiar su organización de malhechores. «Si sirve de ayuda, estoy dispuesto a colaborar», ha dicho Kissinger, aceptando con humildad.

Caso extremo de la teoría de Orwell

Que líderes internacionales, multinacionales y hasta organizaciones deportivas sigan buscando el consejo de Kissinger es un caso extremo de la teoría de Orwell según la cual todos somos iguales, pero algunos más iguales que otros. Por una décima parte de lo hecho por el maestro de la ’Realpolitik’, un dictadorzuelo africano estaría sentado en un Tribunal Internacional (o disfrutando del exilio al que hacía referencia Brody, si fuera de los nuestros).

No estamos hablando de derechas o izquierdas, comunismo o capitalismo, pro o antiamericanismo. Sólo de crímenes documentados -y en muchos casos confesados- que demuestran que el veterano político americano es un criminal de guerra cuyas acciones entre 1969 y 1977 costaron la vida a millones de personas. El escritor Christopher Hitchens reconstruyó en su libro The Trial of Henry Kissinger (2001) las razones jurídicas para procesar al Premio Nobel de la Paz 1973 y desde entonces han surgido nuevos datos, grabaciones y testimonios que corroboran los abusos.

Repasemos: Kissinger organizó el bombardeo masivo y secreto de las poblaciones civiles de Camboya y Laos durante la Guerra de Vietnam, dio personalmente el visto bueno para la invasión indonesia de Timor Oriental que costó la vida a una quinta parte de su población, conspiró con Pinochet para instaurar su dictadura en Chile, alentó la represión de otros muchos tiranos desde Latinoamérica a África, fue cómplice en la sangrienta invasión paquistaní de Bangladesh... «El grado de micro gestión revelada en las memorias escritas por el propio Kissinger descarta la idea de que cualquier cosa importante fuera decidida sin su conocimiento o autorización», escribe Hitchens en su libro.

Millones de dólares de beneficios

Pero el político, de 88 años, no sólo no ha pagado por sus crímenes, sino que sigue recogiendo los beneficios de su «experimentada carrera diplomática». Su consultoría, Kissinger Associates, genera millones de dólares de beneficios aconsejando a grandes multinacionales y gobiernos sobre cómo operar en el extranjero. La página web de la empresa incluye entre sus valores la integridad, el respeto y la «RESPONSABILIDAD PERSONAL». Cabe preguntarse si, además de disfrutar de una inmerecida jubilación de oro, Kissinger no se estará mofando del resto de los mortales.

Nada de ello parece importar. Una hora de tiempo en una conferencia con el estadista usamericano se paga a 18.000 euros. Washington sigue pidiendo su consejo en conflictos como los de Afganistán o el mundo árabe. La FIFA cree que es el hombre ideal para limpiar de corruptos su organización y devolver a la institución el prestigio perdido.

Y luego escuchas a líderes occidentales hablar de la necesidad de reforzar la justicia internacional. ¿Se refieren a una en la que cualquiera, independientemente de su nacionalidad o cargo, tenga que responder por sus crímenes, aunque hayan sido cometidos al amparo de un gobierno? ¿O de una más conveniente justicia internacional, en la que una parte del mundo se ha reservado el derecho a juzgar al resto, reservándose una inmunidad sostenida en su supuesta e inexistente superioridad moral?


Fuente: El Mundo

Fecha de publicación original: 15/06/2011

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