En un océano de manipulación navegantes antimilitaristas se encuentran en una isla virtual de desobediencia, noviolencia y construcción de la Paz
Secciones
> Documental
  Talleres
  Historia del antimilitarismo
  Noviolencia
  Objeción de conciencia
  Recursos gráficos
  Recursos multimedia
  Teoría política
  Represión
  Medio Ambiente
  Mujeres y antimilitarismo
  Anticapitalismo
  Instituciones militares
  Varios
  Intervencionismo humanitario y misiones de paz
> Observatorio de conflictos
  Iraq
  Palestina
  Colombia
  EEUU
  Guerra y mujeres
  Infancia y guerra
  Varios
  Afganistán
> Campañas
  Objeción de conciencia
  Objeción Fiscal al Gasto Militar
  Desobedece a las guerras
  Contra la I+D Militar
  Comercio y producción de armas
  Juguete bélico
  Feminismo y antimilitarismo
  Locales
  Varios
  Banca
> Informativa
> Cajón de sastre
  Humor
  Creación
  Comentarios gráficos
  Varios
> Solidaridad entre los pueblos

Gandhi visto por un historiador comunista

Según Losurdo, Gandhi fue racista, pro-belicista y favorable al uso de la violencia

Sección:Teoría de la noviolencia
Sábado 13 de marzo de 2010 10 comentario(s) 944 visita(s)

«Impresionante» entrevista, a raíz de la publicación de un libro dedicado a «desmitificar» cualquier tipo de noviolencia (publicada en un blog llamado «Revista Libre Pensamiento» y que, personal de la publicación homónima de la CGT, nos alerta de que nada tiene que ver con ella como habíamos afirmado anteriormente en esta introducción, ya corregida). En ella, este pensador comunista italiano cae en un negacionismo que recuerda muchísimo al que hace la extrema derecha europea con respecto al holocausto nazi.

Cada una de las afirmaciones que realiza sobre la trayectoria y la intención política de Mohandas Gandhi se da de bruces contra la trayectoria del personaje (amplísima y bien desglosada en multitud de escritos personales y que, por tanto, no admite descentextualización de afirmaciones y de hechos puntuales) y la abrumadora argumentación en sentido contrario a las tesis de Losurdo de los prolijos escritos del propio Gandhi, especialmente su autobiografía “Mis experiencias con la Verdad”, que el autor parece desconocer por completo cuando no obviar interesadamente.

Por cierto, que hay que notar como a medios como La Haine y Rebelión –en los que no se puede opinar a los artículos- les ha faltado tiempo para hacerse eco de esta entrevista (y destacarla, en el caso de Rebelión). Es como si se alegraran de encontrar cualquier posibilidad de contradicción y de incongruencia en la propuesta de la Noviolencia, y de poder divulgarla a los cuatro vientos sin tomarse la más leve molestia en contrastar las afirmaciones o al menos de contextualizar la crítica enfrentándola al otro punto de vista. Insumissia.


La no violencia, mito y realidades

Marie-Ange Patrizio

Entrevista con el filósofo e historiador Domenico Losurdo: Gandhi se identifica con el movimiento de liberación, sin hacer distinción entre violentos y no violentos.

Revista Libre Pensamiento
Tomado de La Haine

Un libro que sale a la venta hoy [por el 8 de marzo] en Italia, « La non-violenza. Una storia fuori dal mito », del profesor Domenico Losurdo explora el concepto de no violencia y su uso en la historia contemporánea. Dejando de lado las ideas preconcebidas, muestra también sus ambigüedades. Lo que a menudo ha sido una exigencia de carácter pacifista, también puede ser una manera de huir de las responsabilidades y se convierte hoy en un disfraz de la propaganda para justificar todo tipo de injerencias. El profesor Domenico Losurdo responde a las preguntas de Marie-Ange Patrizio sobre este tema. El concepto de no violencia nos hace pensar inmediatamente en Gandhi.

¿Qué piensa usted de esa gran personalidad histórica?

Hay que separar la evolución de Gandhi en dos fases. Durante la primera fase, Gandhi no tiene para nada en mente la emancipación general de los pueblos colonizados. Por el contrario, lo que hace es exhortar a la potencia colonial, Gran Bretaña, a no confundir el pueblo indio –que, al igual que los ingleses, proviene de una antigua civilización y cuyos orígenes raciales son «arios»– con los negros, ni tampoco con «los rústicos cafres, quienes tienen la caza como ocupación y cuya única ambición consiste en reunir cierta cantidad de cabezas de ganado para conquistar una mujer y llevar posteriormente una existencia de indolencia y desnudez» (sic).

En aras de obtener la aceptación de la raza dominante, del pueblo de señores (arios y blancos), a principios del siglo 20 Gandhi llama a sus compatriotas a ponerse al servicio del ejército imperial, que había emprendido por aquel entonces una feroz campaña de represión contra los zulúes.

Lo más importante es que, durante la Primera Guerra Mundial, el presunto campeón de la no violencia decide reclutar 500 000 hombres para el ejército británico. Pone tanto celo en esa tarea que incluso envía una carta al secretario personal del virrey: «Me parece que si me convirtiera en reclutador en jefe, yo sería capaz de sumergirlo de hombres». Al dirigirse a sus compatriotas y al virrey, Gandhi insiste de manera casi obsesiva en su propia disposición a asumir el sacrificio del que todo un pueblo está llamado a dar prueba: hay que «ofrecer al Imperio nuestro apoyo total y decidido»; la India debe estar dispuesta a «ofrecer, en el momento crítico, sus hijos sanos para que se sacrifiquen por el Imperio», a «ofrecer en este momento crítico todos sus hijos aptos para el combate como ofrenda al Imperio»; «en defensa del Imperio debemos dar todos los hombres de que dispongamos».

Dando muestra de una coherencia de acero, Gandhi expresa el deseo de que sus propios hijos se enrolen y participen en la guerra.

En ese sentido, usted contrasta la actitud de Gandhi con la del movimiento antimilitarista de inspiración socialista y marxista y el que sale mejor parado [en la comparación] es precisamente este último.

Sí. Yo refuto el mito de que el marxismo es sinónimo de culto a la violencia. Como ejemplo cito en particular a Karl Liebknecht, quien fue posteriormente uno de los fundadores del Partido Comunista alemán, antes de ser asesinado con Rosa Luxemburgo. Después de haber luchado durante mucho tiempo contra el rearme y contra los preparativos para la guerra, al ser llamado a partir para el frente, antes de su arresto por pacifista, Liebknecht envía a su esposa y sus hijos una serie de cartas: «No voy a disparar […] Yo no voy a disparar aunque me lo ordenen. Podrán fusilarme por eso».

Queda el hecho de que Liebknecht acaba por saludar la violencia de la Revolución de Octubre, dirigida por Lenin.

No hay que perder de vista que al principio de la Primera Guerra Mundial, Lenin, lejos de celebrar como Gandhi el valor de la vida militar y de la lucha en el frente, expresa su «profunda amargura». La esperanza, que reviste un carácter moral antes de ser de carácter político, renace en él gracias a un fenómeno que pudiera quizás frenar la infernal máquina de la violencia: se trata de la «fraternización entre los soldados de las naciones beligerantes, incluso en las trincheras». Lenin escribe: «Está bien que los soldados maldigan la guerra. Está bien que exijan la paz. La fraternización puede y debe convertirse en fraternización en todos los frentes. El armisticio de hecho en un frente puede y debe convertirse en armisticio de hecho en todos los frentes». Desgraciadamente, esa esperanza no se cumple. Los gobiernos beligerantes tratan la fraternización como una traición. Es en ese momento que se plantea la necesidad de escoger, no ya entre la violencia y la no violencia, sino más bien entre la violencia a través de la continuación de la guerra o la violencia de la revolución llamada a poner fin a una carnicería carente de sentido.

No existe diferencia alguna entre los dilemas morales de Lenin y los dilemas morales que enfrentan, en Estados Unidos, los pacifistas cristianos de las primeras décadas del siglo 19 (mi libro parte de ese momento de la historia). Contrarios a cualquier forma de violencia así como a la esclavitud de los negros (que constituye en sí misma una forma de violencia) en momentos en que se perfila y finalmente estalla la guerra de Secesión, los pacifistas cristianos se ven ante una trágica disyuntiva: ¿dar su apoyo directo o indirecto a la continuación de la forma particularmente horrible de violencia que es la institución esclavista o unirse a esa especie de revolución abolicionista que acaba siendo la guerra de la Unión? Los pacifistas más maduros escogen la segunda solución. Adoptan una posición similar a la que más tarde habrá de caracterizar a Lenin, Liebknecht y los bolcheviques en su conjunto.

Dejamos a Gandhi en su papel de reclutador al servicio del ejército británico. Usted mencionó una segunda fase. ¿Cuándo y cómo se produce?

Dos acontecimientos lo condujeron a ella: uno de carácter internacional y otro nacional. La Revolución de Octubre y la difusión de la agitación comunista en las colonias y en la propia India imprimen un formidable impulso a la ideología de la pirámide racial y convierte en algo obsoleto la aspiración a obtener la aceptación de la raza blanca o aria, que se verá entonces ante la rebelión generalizada de los pueblos de color. Pero el factor decisivo es una experiencia directa y dolorosa para el pueblo indio. Este último esperaba mejorar su condición luchando valientemente en las filas del ejército británico durante la Primera Guerra Mundial. Sin embargo, apenas terminadas las celebraciones por la victoria, el poder colonial comete la masacre de Amritsar, durante la primavera de 1919.

Esa represión no sólo cuesta la vida a cientos de indios desarmados sino que constituye además una terrible humillación nacional y racial ya que se obliga a los habitantes de las ciudades rebeldes a arrastrarse a cuatro patas para regresar a sus casas o salir de ellas. Como dice el propio Gandhi, «hombres y mujeres inocentes fueron obligados a arrastrarse como gusanos, sobre el vientre».

El resultado es una ola de indignación provocada por las humillaciones, por la explotación y la represión impuestas por el Imperio británico. Su comportamiento es un «crimen contra la humanidad, posiblemente sin paralelo en la historia». Todo eso hace que desaparezca entre los indios el deseo de ser aceptados como miembros de una raza dominante que ahora les parece odiosa y capaz de cualquier infamia.

¿A partir de qué momento toma Gandhi realmente en serio su compromiso con la no violencia?

En realidad, en el segundo Gandhi la disposición a llamar a sus compatriotas a lanzarse a los campos de batalla al lado de Gran Bretaña no ha desaparecido en lo absoluto, sólo que ahora pone la independencia de la India como condición a ese llamado a las armas.

Resulta sin embargo difícil imaginar a ese segundo Gandhi promocionando la participación de sus compatriotas en la represión de una rebelión como la de los zulúes (pueblo cruelmente oprimido por el colonialismo). A partir de la Revolución de Octubre y de la represión de Amritsar el movimiento independentista indio se convierte en parte integrante del movimiento de liberación de los pueblos oprimidos. Y Gandhi se identifica plenamente con ese movimiento, sin hacer ningún tipo de distinción entre violentos y no violentos.

En junio de 1942, Gandhi expresa su «profunda simpatía» y su «admiración por la heroica lucha y los infinitos sacrificios» del pueblo chino, decidido a defender «la libertad y la integridad» del país. Se trata de una declaración contenida en una carta dirigida a Chiang Kai-Shek, por entonces aliado del Partido Comunista Chino. Todavía en septiembre de 1946 –o sea cuando ya Churchill había comenzado la guerra fría con su discurso de Fulton– Gandhi expresa su simpatía por el «gran pueblo» de la Unión Soviética, dirigido por «un gran hombre como Stalin».

Usted hace un juicio muy positivo sobre el segundo Gandhi, pero se muestra muy crítico con respecto al Dalai Lama, tan celebrado en nuestra época como heredero de la tradición no violenta.

Yo cito en mi libro a un ex funcionario de la CIA que declara tranquilamente que la no violencia era una «pantalla» que el Dalai Lama utilizaba para las relaciones públicas de la revuelta armada que él mismo estimulaba en el Tibet, gracias al financiamiento y las armas provenientes de los arsenales estadounidenses [1]. Pero esa revuelta fracasó porque carecía del apoyo de la población. Este ex funcionario de la CIA agrega que, a pesar de su fracaso, aquella operación arrojó, para Estados Unidos, una serie de enseñanzas posteriormente aplicadas «en lugares como Laos y Vietnam», o sea en guerras coloniales que clasifican entre las más bárbaras del siglo 20. Mientras que el Dalai Lama era recompensado en Washington con reconocimientos y homenajes, Martin Luther King organizaba la oposición contra la guerra de Vietnam y acababa muriendo asesinado precisamente por esa causa.

No menos clara resulta la total contradicción entre Gandhi y el Dalai Lama. El primero habla de «métodos hitlerianos» y de «hitlerismo» al referirse al bombardeo atómico contra Hiroshima y Nagasaki. Abramos ahora el Corriere della Sera del 15 de mayo de 1998. Junto a una foto del Dalai Lama, en la que aparece con las manos unidas como para rezar, encontramos un pequeño artículo muy claro desde el propio título: «El Dalai Lama se pone del lado de Nueva Delhi: “Ellos también tienen derecho a la bomba atómica”», para que sirva de contrapeso –según se precisa después– ante el arsenal nuclear chino. Por supuesto, no aparece [en ese artículo] ni una palabra sobre la amenaza que representa el arsenal nuclear de Estados Unidos, frente al cual se concibió el modesto arsenal chino.

Y así podríamos seguir citando ejemplos similares...

¿Existe algún otro factor?

La identificación de Gandhi con el movimiento anticolonialista es tan fuerte que el 20 de noviembre de 1938, al denunciar la barbarie de la Noche de los Cristales Rotos y las «persecuciones antijudías» que «parecen no tener precedente en la historia», Gandhi no vacila en condenar la colonización sionista en Palestina como «incorrecta e inhumana» y contraria a todo «código moral de conducta».

No creo que el Dalai Lama haya expresado nunca simpatía por las víctimas de la colonización sionista, y no puede ser de otra manera ya que los protectores estadounidenses de «Su Santidad» son los principales responsables, junto a los dirigentes israelíes, del interminable martirio impuesto al pueblo palestino.

Además del Dalai Lama, usted expresa también bastantes críticas sobre las «revoluciones de colores», cuyo origen sitúa usted en los incidentes de la Plaza Tiananmen

Los documentos hoy disponibles, y que fueron publicados y celebrados en Occidente como la revelación final de la verdad, los llamados Tienanmen Papers, demuestran sin que quede sombra de duda que las manifestaciones que se desarrollaron en Pekín (y en otras ciudades de China) durante la primavera de 1989 fueron cualquier cosa menos pacíficas. Los manifestantes utilizaron incluso gases asfixiantes y disponían de medios técnicos tan sofisticados que les permitieron falsificar la edición del Diario del Pueblo. Fue claramente un intento de golpe de Estado[2].

Las sucesivas «revoluciones de colores» [3] han explotado aquel fracaso creando técnicas más sofisticadas, que se exponen y se enseñan con pedagógica paciencia en un manual estadounidense traducido a los diferentes idiomas de los Estados a los que se pretende desestabilizar y que se divulga gratuita y masivamente [4]. Este manual es una especie de «Instrucciones para el golpe de Estado», que se ponen en práctica con ayuda de las embajadas y de ciertas fundaciones estadounidenses y occidentales. En mi libro lo analizo minuciosamente. Yo me interrogo –en referencia también a los recientes acontecimientos de Irán [5], y utilizando siempre mayoritariamente fuentes y testimonios occidentales– sobre el significado estratégico que han adquirido actualmente, en el marco de la política de los cambios de regímenes, herramientas como Internet, Facebook, Twitter, la telefonía móvil, etc. [6]

En su libro usted analiza también el debate teológico y filosófico sobre la violencia, debate que viene desarrollándose desde el siglo 20 y cuyos protagonistas son grandes teólogos, como Reinhold Niebuhr y Dietrich Bonhoeffer, y grandes filósofos, como Hannah Arendt y Simone Weil. Da la impresión que las simpatías de usted van hacia los teólogos...

Sí, reconozco el encanto de Dietrich Bonhoeffer quien, a pesar de haber sido por un tiempo admirador y discípulo de Gandhi, al enfrentar el horror del III Reich conspira para organizar un atentado contra Hitler, lo cual lo llevará al patíbulo. A quienes tratan de tildar de orgía de sangre el episodio histórico que comenzó en Octubre de 1917 y que prosiguió con las otras grandes revoluciones del siglo 20, yo quisiera sugerirles que reflexionen sobre la polémica Bonhoeffer con aquel que «prefiere el asilo de la virtud privada».

En realidad, es solamente «engañándose a sí mismo [que puede uno] mantener pura su propia irreprochabilidad privada y evitar que esta se manche al actuar de forma responsable en el mundo». Esa es la actitud –afirma el teólogo cristiano– del «fanático» que «se cree capaz de oponerse al poder del mal con la pureza de su voluntad y de su principio». En realidad, «está poniendo su propia inocencia personal por encima de su responsabilidad para con los hombres».

Partiendo del Dalai Lama y de las «revoluciones de colores», usted denuncia la transformación del lema de la no violencia en una ideología de la desestabilización, del golpe de Estado y, a fin de cuentas, de la guerra. Pero, ¿contiene su libro un mensaje positivo?

El libro concluye con un llamado a imprimir un nuevo impulso a la lucha por la paz a través de la reactualización de la gran tradición del movimiento antimilitarista. Posiblemente nunca, a través de la historia, el homenaje a la no violencia haya sido tan insistente como en nuestros días. Rodeado de una aureola de santidad, Gandhi goza de una admiración y de una veneración indiscutidas y universalmente reconocidas.

Los héroes de nuestra época reciben la consagración en la medida en que, en base a motivaciones reales o a cálculos de realpolitik, se les incluye en el panteón de los no violentos. Pero la violencia no ha disminuido por ello y se manifiesta no sólo en las guerras y en las amenazas de guerra, sino también a través de bloqueos, embargos, etc. La violencia sigue expresándose, incluso bajo sus formas más brutales.

Recientemente pudimos leer en el Corriere della Sera a un ilustre historiador israelí que mencionaba tranquilamente la posibilidad de «una acción nuclear preventiva por parte de Israel» contra Irán. La paradoja reside en que, para ser eficaz, la lucha por la paz tiene que ser capaz de desenmascarar la transformación, promovida por el imperialismo, de la no violencia en una ideología llamada a justificar la prevaricación y la ley del más fuerte en las relaciones internacionales y, finalmente, en guerra.


Domenico Losurdo es filósofo e historiador comunista, profesor en la universidad de Urbino (Italia). Última obra publicada en francés: «Nietzsche philosophe réactionnaire: Pour une biographie politique»

Notas

[1] «El Dalai Lama y Obama: encuentro entre dos Premios Nóbel de la mentira», por Domenico Losurdo, Red Voltaire, 5 de febrero de 2010. http://www.lahaine.org/index.php?p=43301

[2] «Tienanmen, 20 ans après», por Domenico Losurdo, Réseau Voltaire, 9 de junio de 2009.

3] «La technique du coup d’État coloré», por John Laughland, Réseau Voltaire, 4 de enero de 2010.

[4] «La Albert Einstein Institution: no violencia según la CIA» e «Impérialistes de droite et impérialistes de gauche», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 4 de junio de 2007 y 25 de agosto de 2008.

[5] «La CIA y el laboratorio iraní» y «¿Por qué tendría yo que repudiar la voluntad de los iraníes?», por Thierry Meyssan; «Las elecciones iraníes: el timo del robo electoral», por James Petras, Red Voltaire 17, 19 y 21 de junio de 2009. http://www.lahaine.org/index.php?p=38801

[6] «La «revolución de color» fracasa en Irán», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 24 de junio de 2009.

Revista Libre Pensamiento


La Haine: http://www.lahaine.org/index.php?p=43992

Libre Pensamiento: http://librepenicmoncjose.blogspot....

Rebelión: http://www.rebelion.org/noticia.php...

Comenta este artículo   Volver arriba

Nota: los comentarios ofensivos podrán ser eliminados según nuestros criterios de moderación

   

Comentarios


  • Gandhi visto por un historiador comunista

    13 de marzo de 2010

    Me llama la atención el empeño de ciertos comunistas en disparar cuando tienen ocasión sobre la Noviolencia como propuesta política, sobre las campañas de ella derivadas como la Objeción Fiscal al Gasto Militar, y sobre sus principales figuras teóricas. Normalmente guardan una especie de forzado silencio, pero a la menor ocasión en la que sale algún texto crítico (véase el alegato antinoviolencia de Gunter Anders, o la polémica del año pasado sobre la Objeción Fiscal salen en tropel a hacer bandera de él, casi siempre lanzando y relanzando el texto para que sea conocido por doquier, pero normalmente sin atreverse a hacerle añadido o comentario alguno.

    Las webs adscritas al comunismo leninista o leninista-trostkista (en cualquiera de sus variantes) suelen jugar a la “unidad anticapitalista” y en ellas no es difícil ver yuxtapuestas informaciones sobre acciones directas noviolentas de grupos antimilitaristas con otras que, por ejemplo, loan a autoridades del ejército de las FARC.

    Pero de vez en cuando se les escapa lo que en realidad piensan y no pueden dejar de dar salida a su alergia hacia todo lo que tenga que ver con pensamientos humanistas (no materialistas a ultranza y respetuosos con el valor hacia el individuo) y horizontalistas. Normalmente, como digo arriba, dejan fluir su animadversión de forma superficial y sin profundizar, limitándose a divulgar con alegría y, me da la impresión, regusto morboso, un pensamiento que les ha llegado ya acabado en forma de documento escrito por alguna vieja gloria. No se molestan en contrastar nada ni en recabar otros puntos de vista, tal como sucede en esta retahíla de asombrosas afirmaciones sobre Gandhi que cualquiera que se haya tomado la molestia de leer uno solo de sus libros encontrará tremendamente inciertas.

    En cualquier caso me alegro de que en ocasiones como esta se vean los correspondientes plumeros y sepamos quien es quien y qué piensa y desea en realidad cada cual.



    • Gandhi visto por un historiador comunista

      14 de marzo de 2010

      Hay otra reflexión no menos curiosa sobre la deriva tendenciosa de «Rebelión», según que temas, en la parte final de este artículo.


  • Gandhi visto por un historiador comunista

    14 de marzo de 2010, por Aurelito

    Escriben en la introducción del artículo

    curiosamente publicada en la revista de la CGT

    ¡Seguro que ha sido el gafotas el que ha propuesto publicarlo! ¡Nos ha jodido la franquicia! ¡A lapidarlo!

    Bromas aparte, a mí me parece que el artículo no es para ponerse así -de hecho la parte sobre Gandhi es simplemente una mierda- , y que no sólo trata de Gandhi. ¿Qué pensamos de las revoluciones de colores, etc?



    • Gandhi visto por un historiador comunista

      15 de marzo de 2010, por Pablo

      Cierto, pero las críticas anteriores solo se refieren a la parte de la entrevista dedicada a «revisar» la figura de Gandhi.

      En otros temas, como los de usos ilegítimos que se pueden dar a la noviolencia (revoluciones de colores etc.) podemos estar de acuerdo. De hecho no me acuerdo en qué discusión anterior decíamos que cuando se pretenden utilizan estrategias supuestamente noviolentas de forma instrumental y como coartada para fines injustos, no podemos utilizar con propiedad el concepto «Noviolencia» -que tiene dimensiones insoslayables a nivel ético que aquí quedan despreciadas- sino que deberíamos llamarlo algo así como «estrategias políticas que excluyen el uso de la violencia».

      Saludos.



  • No ha sido publicado por CGT

    15 de marzo de 2010, por David García de Libre Pensamiento

    Buenas, soy David García, del Consejo Editorial de Libre Pensamiento.

    Por favor, ya que hablamos de «contrastar», a ver si contrastamos mínimamente las fuentes

    La web de Libre Pensamiento es http://librepensamiento.org/

    y el texto está sacado de un blog personal que se llama «Revista Libre Pensamiento» http://librepenicmoncjose.blogspot....

    Ojeando el blog aunque sea sólo por encima, queda más que claro para cualquiera que NO tiene nada que ver con la CGT, a pesar de la coincidencia en el nombre.

    Por favor, modificad en cuanto podais la entrada del texto y aclarad el asunto.

    Muchas gracias, un saludo de parte del Consejo del LP.



    • No ha sido publicado por CGT

      15 de marzo de 2010, por Pablo, de Insumissia

      Ya está corregido, pero creo que es un error en el que es muy fácil incurrir. Al pie del artículo están citadas las fuentes, tanto de Rebelión, como de La Haine como del blog de donde se toma. La Haine y Rebelión lo firman como «Revista Libre Pensamiento». Creo que para el común de los mortales que desconocen la existencia de un blog personal así denominado es lo más fácil del mundo deducir que se trata de la página web de la revista en papel del mismo nombre que se edita desde la CGT. En cualquier caso también se ha adjuntado la dirección web de ese blog, el cual fue visitado brevemente (no se realizó una navegación exhaustiva ya que no se estaba sobre alerta de esta posible confusión ni en este blog se vio nada «sospechoso») sin que la persona que lo hizo (yo mismamente) cayera en la cuenta del error. En cualquier caso, pido disculpas por la confusión creada y por el agravio que se puede haber cometido con la CGT. Saludos.


  • Gandhi visto por un historiador comunista

    15 de marzo de 2010

    Buenas!

    Pues yo simplemente veo que porpone el análisis de la no-violencia y explica el uso de la violencia en determinadas circunstancias históricas. No le veo muy partidario de pegar tiros con las FARC, vamos.

    Salud!



    • Gandhi visto por un historiador comunista

      15 de marzo de 2010

      Lee despacio. La alusión a las FARC no se refiere al artículo con la entrevista, sino a la línea editorial de la página «Rebelión», de quien se dice que ha publicado esta misma entrevista.


  • Gandhi visto por un historiador comunista

    19 de marzo de 2010, por Crates

    Me parece que a este artículo le están dando una importancia desproporcionada tanto los defensores como los críticos.

    La parte que dedica a Gandhi es, desde luego, lamentable, pero no ya porque diga algo falso, sino porque la forma de argumentar es penosa: no sólo por usar cualquier frase fuera de contexto para apoyar su visión alternativa (Gandhi haría declaraciones respetuosas sobre otros líderes políticos, Stalin incluido, y este servidor saluda con respeto a sus jefes todos los días, pero de ahí no se pueden sacar consecuencias sobre el pensamiento político de uno y otro), sino por dedicarse a poner muertos sobre la mesa con intento de demostrar «quien es el mejor» -Liebknecht-. En ese recorta y pega, parece pretender destacar las diferencias entre Liebknecht y Lenin, por un lado, y Gandhi por otro, cuandio seguramente era más lo que acercaba a Liebknecht (y Rosa Luxenburgo) y Gandhi que lo acercaba a los primeros a Lenin...

    Por lo demás, y aunque la visión sobre Gandhi del artículo sea disparatada, a mí me parece que le trae principalmente a colación para ponerle en contraste con personajillos como el Dalai Lama o los diversos promotores de revoluciones de colores. Losurdo no ataca al que él llama «Gandhi maduro», sino que lo distingue del Dalai Lama y otros promotores de golpismo mediático, a los que denuncia. En mi opinión, la gente de la noviolencia tenemos que estar de acuerdo con esas denuncias. Ya quisiera yo que esa fuese la única diferencia que tenemos con la gente de orientación marxista, porque entonces no tendríamos (o no deberíamos tener ninguna) ninguna.

    Al margen, debo decir que tampoco tendrían porque preocuparnos los intentos ¿malévolos? de erosionar nuestras posiciones con argumentos históricos eruditos -reales o pretendidos-. Como noviolentos, tenemos que ser los primeros en buscarle las vueltas a cualquier lider, aunque éste sea, ¿por oximoron?, noviolento -Gandhi incluido ("Si ves a Buda, ¡mátalo!). Pero, sobre todo, creo que tenemos que tener argumentos y hechos que poner sobre la mesa, argumentos y hechos relativos al presente y al futuro, no al pasado; precisamente como noviolentos no es la tradición lo que debe hacernos fuertes, sino la inteligencia.



    • Gandhi visto por un historiador comunista

      20 de marzo de 2010, por Pablo

      De acuerdo con todo. El problema es que en el mundo no solo hay personas que apuestan por la Noviolencia y personas que la critican. La inmensa mayoría está en medio y apenas ha oído hablar de ella. No es bueno que mucha de esa gente acceda a esta manera de ver las cosas desde una crítica tan sesgada y una visión tan parcial de la misma. Como mínimo es importante que quienes no lo vemos así tratemos de presentar la visión diferente o complementaria de cara a que esas terceras personas no desarrollen prejuicios o se queden con una idea falsa que les pueda alejar quizá definitivamente de la Noviolencia.

      Saludos.



Volver arriba
Volver a la página Principal
Ver comentarios
Spip Sitio desarrollado con SPIP v1.9.2 , un programa Open Source escrito en PHP bajo licencia GNU/GPL.
Licencia de Creative Commons Esta obra está bajo una licencia de Creative Commons, mientras no se indique otra cosa.