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Bases para una alternativa noviolenta a la defensa militar

Y si quitamos el ejército, ¿qué?

Sección:Noviolencia
Martes 12 de diciembre de 2006 0 comentario(s) 3175 visita(s)

Este texto fue elaborado por el MOC-València en febrero de 1997 como parte de un documento más amplio que argumentaba la puesta en marcha en esos momentos de la campaña de Insumisión en los cuarteles. El texto recoge principalmente el trabajo del colectivo Utopía Contagiosa sobre las posibilidades de una alternativa noviolenta a la defensa militar, diferenciada de ésta última no solamente en el sujeto y los medios de la defensa, sino también en el objeto de la defensa. La alternativa noviolenta, planteada así, supone un cambio de paradigma que desmonta esos viejos dilemas militaristas tipo «pero si quitamos el ejército y nos invaden ¿qué hacemos?».


BASES PARA UNA ALTERNATIVA NOVIOLENTA A LA DEFENSA MILITAR


Para delimitar previamente cuáles pueden ser los posibles modelos de defensa alternativos al militar en el futuro es necesario definir, previamente, en qué momento de la evolución de las políticas de defensa y en qué contexto histórico nos encontramos.


Aspectos del Estado español


Se puede resumir la evolución de la política defensiva en el Estado español en tres grandes momentos:

1.- En la época franquista el Ejército estaba ampliamente sobredimensionado y era ineficaz para las labores defensivas, pero orientado hacia el llamado enemigo interno, con el fin de controlar cualquier intento de contestación al régimen dictatorial. El papel de los militares excedía el terreno defensivo y se ampliaba hasta el intervencionismo descarado en la dirección política y social del conjunto de la sociedad.

2.- En la época de la transición se empezó a reformar la estructura militar con el fin de quitarle peso político y también para racionalizar la política de material y personal.

3.- En la época de gobierno del PSOE se ha continuado dicha reestructuración técnica y política y se ha dotado al Ejército de un nuevo campo de acción: el terreno internacional. Así, tras un tormentoso referéndum se integró el Estado español en la OTAN y se aumentaron progresivamente las acciones reales en territorio ajeno con nuestra aportación, entre otras, a las operaciones Tormenta del Desierto y en la actuación bajo la bandera ONU en la antigua Yugoslavia.1

Esta evolución demuestra que es posible la reforma, incluso en profundidad, de la estructura defensiva en nuestro país, y que la única condición indispensable es que exista voluntad política para ejecutarla. Por lo tanto, a la vista de la evolución histórica en materia defensiva del Estado español, la postura que siempre ha calificado de imposible cualquier cambio que ha propuesto el movimiento pacifista, queda a su vez descalificada.


Aspectos internacionales


Además de la evolución que se ha desarrollado de forma somera en el apartado anterior, también son importantes los cambios en la situación internacional que hemos enfocado de manera más amplia en el capítulo previo, y que ahora resumimos en los aspectos que más nos interesan de cara a nuestras conclusiones posteriores:

Los últimos años se pueden considerar una época de transicion y de indefinición, con la consiguiente crisis de valores. Se parte de un mundo en constante peligro de guerra nuclear y de destrucción total por alguna de las superpotencias y con una profunda guerra de desgaste basada en diferencias ideológicas. Y actualmente nos encontramos en mundo en el cual los expertos en política nos presentan un futuro altamente incierto, no ha disminuido el peligro nuclear (antes bien, se ha magnificado en algunos aspectos al encontrarse el armamento nuclear repartido entre más manos y regímenes no muy estables), el enfrentamiento meramente ideológico ha dejado paso a la explosión de los latentes conflictos étnicos, religiosos, y sobre todo al conflicto Norte-Sur o ricos-pobres.

En el ámbito defensivo, estos años que vivimos son inciertos porque se están redefiniendo las bases que daban sentido y utilidad a la defensa militar: el garante del papel de los Estados y de las soberanías nacionales. En esta época el papel omnipotente y omnipresente del Estado es cuestionado desde cuatro ángulos distintos:

por los nacionalismos internos que rebelan que aquello que se nos presentaba en la historia reciente como monolítico esconde en ocasiones una realidad muy plural y conflictiva, que hay que aprender a respetar y a articular de manera constructiva;

por los proyectos de uniones supraestatales (UE, OTAN, protagonismo de la ONU en acciones militares y/o humanitarias), que necesitan la superación de valores y objetivos defensivos militares clásicos como son el concepto de Patria y la defensa a ultranza de las fronteras;

por el papel cada vez más importante de las multinacionales que defienden intereses particulares apoyándose en los Estados, o actuando al margen de ellos, e incluso por encima de ellos, haciendo en muchos casos que conceptos como la soberanía popular expresada a través de los mecanismos de la democracia representativa a nivel de Estado-Nación sean poco más que papel mojado;

por la emergencia de un nuevo tipo de actor nacional e internacional como son las organizaciones no gubernamentales (ONGs) que articulan, mediante prácticas y con significaciones políticas muy plurales, nuevos intereses legítimos de la sociedad que se expresan en gran medida al margen de los designios estatales.

En conclusión, el garante por antonomasia del Estado, y el Ejército lo es, se encuentra en una situación de profunda crisis de identidad, definición, expectativas y, lo que es más grave, de utilidad.

Uno de los resultados de todos estos procesos históricos es el planteamiento, tanto desde la estructura militar como desde la sociedad civil, de las siguientes preguntas: ¿qué es lo que hay que defender y cómo hay que defenderlo? Y como consecuencia de la respuesta que se dé a esta pregunta, ¿cuál es la utilidad del Ejército y del militarismo?.

Volviendo a circunscribir nuestras reflexiones al ámbito del Estado español, el proceso de reflexión realizado dentro de los ejércitos y del propio Ministerio de Defensa llega a la conclusión de que

«la nueva estrategia militar parte de la premisa básica de que España no tiene enemigos. No obstante, se insiste en la necesidad de mantener una adecuada capacidad militar para hacer frente a las exigencias derivadas de la seguridad nacional y actuar colectivamente en la defensa común de Europa.»2

Sin embargo, se pone especial énfasis en redefinir la función de la Fuerzas Armadas de manera que, según el ex-Ministro de Defensa Julián García Vargas en la Comisión de Defensa del Congreso,

«debe orientarse a la gestión de crisis internacionales que pueden afectar a los intereses vitales propios o poner en riesgo la estabilidad internacional», y así «la inestabilidad que vemos a nuestro alrededor nos obliga a centrarnos en tareas de gestión de crisis limitadas que comprenden tanto operaciones de mantenimiento como de imposición de paz, entendida ésta como la acción para detener a un agresor.»3

De este paradójico análisis en el que no se reconocen enemigos, pero se preven inestabilidades y crisis, sin delimitar cuáles son, surgen por arte de birlibirloque la necesidad de mantener el Ejército, de profesionalizarlo, de dotarlo con mejoras técnicas, etc.

Si se ahonda un poco más se descubre que es el flanco Sur el que proporciona los mayores focos de inestabilidad y posibles conflictos. Son países como Marruecos, Argelia, Túnez y Libia los posibles agresores y/o enemigos potenciales como señala el propio Ministerio de Defensa: «el Mediterráneo es un escenario inquietante para la paz y la seguridad de Europa por su virtual conflictividad.»4

Pero si realmente queremos profundizar en lo que sería el núcleo del conflicto entre el Estado español y los países del Norte de Africa, conviene que estudiemos atentamente la siguientes tablas comparativas, cuyos datos están tomados del Informe sobre Desarrollo Humano 1994 del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD):

PAIS

Población 92

PNB 92 (Millones dólares)

PNB 92 per capita (Dólares)

España

39.077.000

547.947

14.020

Libia

4.873.000

30.000

6.300

Túnez

8.405.000

14.615

1.740

Argelia

26.375.000

48.326

1.830

Marruecos

26.262.000

27.210

1.040




Indice de desarrollo humano

Esperanza de vida al nacer

% de alfabetización de adultos

España

1993

0’923

77’0

97’5


1994

0’888

77’4

98’0

Libia

1993

0’658

61’8

63’8


1994

0’703

62’4

66’5

Túnez

1993

0’600

66’7

65’3


1994

0’690

67’1

68’1

Argelia

1993

0’528

65’1

57’0


1994

0’553

65’6

60’6

Marruecos

1993

0’433

62’0

49’5


1994

0’549

62’5

52’5

La conclusión que fácilmente se deduce es que el verdadero conflicto es la diferencia entre las difíciles condiciones de vida de los países norteafricanos y las cómodas condiciones generales del Estado español. Así, el conflicto que toma relevancia no es el que enfrenta a las Fuerzas Armadas de dos Estados, sino las desigualdades políticas, económicas y sociales que existen entre dos sociedades. Dichas desigualdades tienen unas causas históricas y son, ciertamente, generadoras de conflictos. Pero lo que no es verdad es que la manera de solventar estos conflictos tenga que pasar obligatoriamente por el uso de las armas y de los ejércitos, ni tampoco se entiende entonces que en gran medida el desarrollo de nuestra industria militar nacional y europea se apoye precisamente en el mantenimiento de algunos de estos mismos países, que son nuestros «enemigos o focos potenciales de conflicto», como clientes de tan siniestro negocio.5


Hacia un nuevo concepto de defensa


Esta conclusión y este análisis nos exige un cambio paradigmático de nuestro habitual concepto de defensa. Dicho cambio requiere otras coordenadas de referencia a las cuales no estamos acostumbrados y esto, en primera instancia, nos lleva generalmente a rechazar estas conclusiones derivadas del análisis de los datos, aunque en el fondo la sepamos lógicas y coherentes. Normalmente tendemos a engañarnos y a buscar excusas del tipo «es un análisis correcto, muy bonito, pero desde una postura muy utópica» para despreciar esta manera de discurrir y poder volver a la tranquilidad de nuestros viejos esquemas de análisis en los que nos moveremos con más comodidad.

Sin embargo, lo que viene a continuación es el mismo análisis... pero realizado por un organismo tan poco sospechoso de albergar deseos desestabilizadores como es el ya mencionado PNUD:

«El concepto de seguridad se ha interpretado en forma estrecha durante demasiado tiempo: en cuanto a seguridad del territorio contra la agresión externa o como protección de los intereses nacionales en la política exterior o como seguridad mundial frente a la amenaza de un holocausto nuclear. La seguridad se ha relacionado más con el Estado-Nación que con la gente. Se dejaban de lado la preocupaciones legítimas de la gente común que procuraba tener seguridad en su vida cotidiana. Para muchos, la seguridad simboliza la protección contra la amenaza de la enfermedad, el hambre, el desempleo, el delito, la represión política y los riesgos del medio ambiente.
»En definitiva, la seguridad humana se expresa en un niño que no muere, en una enfermedad que no se difunde, en un empleo que no se elimina, en una tensión étnica que no explota en violencia, en un disidente que no es silenciado. La seguridad humana no es una preocupación por las armas: es una preocupación por la vida y por la dignidad humanas.
»La idea de seguridad humana, aunque simple, probablemente constituirá una revolución en la sociedad del siglo XXI. Una consideración del concepto básico de seguridad humana debe centrarse en cuatro de sus características esenciales:
La seguridad humana es una preocupación universal. Es pertinente a la gente de todo el mundo, tanto en países ricos como en países pobres. Hay muchas amenazas que son comunes a toda la gente, como el desempleo, los estupefacientes, el delito, la contaminación y las violaciones de los Derechos Humanos. Su intensidad puede variar de un lugar a otro, pero todas esas amenazas contra la seguridad humana son reales y van en aumento.
Los componentes de la seguridad humana son interdependientes. Cuando la seguridad de la población está amenazada en cualquier parte del mundo, es probable que todos los países se vean afectados. El hambre, la enfermedad, la contaminación, el tráfico de estupefacientes, el terrorismo, los conflictos

étnicos y la desintegración social ya no son acontecimientos aislados, confinados dentro de las fronteras nacionales. Sus consecuencias llegan a todo el mundo.

Es más fácil velar por la seguridad humana mediante la prevención temprana que con la intervención posterior. Por ejemplo, los costos directos e indirectos del virus de inmunodeficiencia humana (SIDA) ascendían a unos 240.000 millones de dólares en el decenio de 1980. Unos pocos miles de millones de dólares invertidos en la atención primaria a la salud y en la educación en planificación familiar podrían haber ayudado a contener la difusión de esta enfermedad mortal.
La seguridad humana está centrada en el ser humano. Se preocupa por la forma en que la gente vive en una sociedad, la libertad con la que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales, y la vida en conflicto o paz.»6


En definitiva, se hace necesario conformar una concepción de la defensa novedosa y que realmente sea alternativa a los distintos modelos de defensa militares existentes (como son la defensa nuclear, la defensa militar periférica o en profundidad, las defensas no ofensivas, la defensa popular de guerrillas o las moderna guerras de baja intensidad, e incluso cualquier modelo militar que se nutra de soldados de reemplazo o de voluntarios). Estos modelos no son más que distintas maneras puntuales de ejecutar la misma política basada en el uso de la fuerza o en la amenaza de su usos, vienen legitimados por la posibilidad de un hipotético enemigo externo, sostenidos por una política exterior agresiva y competitiva en unas relaciones económicas que fomentan la dependencia y la pobreza.


La alternativa de defensa noviolenta: la defensa popular noviolenta


Desde el sector noviolento del movimiento pacifista llevamos años propugnando e intentando desarrollar tanto de forma teórica como en la práctica una alternativa a la defensa militar que denominamos defensa popular noviolenta (DPNV). Lejos de rehuir el debate social y político de la defensa de la sociedad, el movimiento pacifista noviolento lo potencia y lo asume como un área de trabajo en la que quiere desarrollar una línea de pensamiento teórico y una práctica política coherente que sea asumible y realizable por el conjunto de la sociedad.

Generalmente, la necesidad de configurar una alternativa a la defensa militar incluso por parte de grupos sociales de base se ha entendido como una obligación de responder de manera diferente a las agresiones y enemigos conceptualizados desde una perspectiva militarista, por ejemplo: cómo responder con actitudes no violentas o con formas de organización no militarizadas a la agresión de un ejército enemigo. Esta perspectiva conlleva multitud de paradojas y contradicciones, en tanto que deja incontestado uno de los aspectos fundamentales de cualquier concepto global de la defensa, a saber: cuáles son los verdaderos enemigos de las sociedades, de qué hay que defenderse. La DPNV parte de la necesidad real que tiene la sociedad de defender sus intereses, y plantea un cambio paradigmático en la concepción de la defensa. En línea, por ejemplo, con los recientes planteamientos sobre «seguridad humana» del PNUD que anteriormente visitábamos, la idea de defensa que se plantea desde la DPNV es la de defender los logros y derechos sociales, políticos y económicos que ha conseguido la Humanidad a lo largo de su desarrollo histórico.

Pero además, respondiendo a la segunda cuestión importante que plantea cualquier concepto de sistema defensivo, es decir, cómo debemos o podemos defendernos, el planteamiento metodológico de la DPNV opta por la noviolencia como la manera más coherente y positiva de intervenir en los conflictos. Desde esta perspectiva, la acción noviolenta no se entiende (nunca se ha entendido así, por cierto) como pasividad y sumisión ante las injusticias, sino como una forma de hacer aflorar los conflictos que generan violencia y de tratarlos de manera constructiva.

Los conflictos bélicos suelen ser la llamativa punta del iceberg de muchísimas tensiones y/o injusticias de todo tipo que se unen y potencian para estallar en un momento determinado. El movimiento pacifista noviolento es consciente de que la única esperanza de acabar con las guerras es colaborar en analizar y proponer medidas alternativas para los conflictos que las generan. Por lo tanto, la DPNV quiere abordar los conflictos en su raíz y no sólo sus manifestaciones puntuales o coyunturales. Por ello, existe una preferencia en la DPNV por realizar trabajos en todos aquellos conflictos generados por causa de la violencia estructural, esto es, por la violencia económica, política y social, que es la forma de violencia prioritaria generada por las estructuras del propio sistema en que nos encontramos (o generaría cualquier otro sistema).7

En cambio, los Estados, los ejércitos y los gobiernos se empeñan en desviar la atención y el debate hacia aquellos conflictos que ya han estallado violentamente. Nos los presentan como inevitables y en ellos encuentran la autojustificación de la existencia de los ejércitos y del militarismo. Pero el análisis de los casos haitiano, somalí, ex-yugoslavo, por citar tan sólo unos pocos ya acaecidos -o bien podríamos aventurar una reflexión sombría, con el deseo de equivocarnos: predecir asimismo aquellos casos, como el conflicto saharaui, donde el estallido violento del conflicto por la desidia internacional es un hecho anunciado-, nos lleva a concluir que una vez que la crisis ha culminado en guerra, es muy posible que se haya sobrepasado el punto de no retorno. Normalmente los contendientes no tienen ya ninguna esperanza de poder conseguir sus reivindicaciones por medios pacíficos y, lo que es peor, consideran que no existen cauces democráticos y cooperativos que les sean de utilidad porque sólo han sido educados en la resolución de conflictos por métodos violentos. En dichos momentos es muy difícil una intervención constructiva, y es entonces cuando se reconoce que la mejor actuación hubiese sido la preventiva. Y además, se reflexiona que esa acción preventiva hubiese debido ejecutarse sobre las desigualdades o injusticias (pobreza, deterioro medioambiental, incapacidad de libre ejercicio de derechos políticos y sociales, etc.) que son la base y causa última de los conflictos.

Desde este enfoque carece de sentido que el debate se centre generalmente de forma casi exclusiva en si tienen legitimidad o no las revoluciones violentas, o si son efectivas y legales las intervenciones militares de los Cascos Azules de las Naciones Unidas. Estos planteamientos son meros fuegos de artificio que pretenden desviar la atención de lo fundamental: hay que ser conscientes de que los conflictos humanos se reproducirán a lo largo del tiempo. Sin embargo, sí es posible modificar la manera de abordarlos buscando formas noviolentas y constructivas. Y, por último, es necesario asumir que los conflictos tienen bases definidas en las desigualdades sociales, políticas y económicas. Una prueba palpable y reciente de todo ello es el caso zapatista, donde la revuelta armada ha dejado sitio en el centro de los esfuerzos a las acciones diplomáticas, de negociación, de difusión y de autoorganización no para conquistar el poder político institucional mediante formas de organización verticales, sino para garantizar la autonomía de los colectivos y las gentes y para mejorar sus condiciones de vida.

Desde la DPNV se aboga por una intervención preventiva en los conflictos. De esta manera se pretende evitar que estalle la violencia o que ésta aumente, generando la progresión en la espiral de la violencia que definieron Gandhi y Luther King.

Este compromiso para abordar y paliar las situaciones que originan los conflictos, es decir, la violencia estructural, sólo es posible si se consigue fomentar que todos los individuos de nuestras sociedades intervengan de manera participativa e igualitaria en el asunto de la defensa. Es decir, que los ciudadanos y ciudadanas participen de manera noviolenta y constructiva en la defensa de sus derechos y libertades, y en la mejora de los mismos. Uno de los objetivos básicos de la DPNV es popularizar la defensa. Pero popularizar la defensa no en el sentido que pretenden las campañas recientes de nuestros gobiernos -asumir de forma entusiástica y con muestras de adhesión incondicional y acrítica las directrices de defensa militarista diseñadas de forma vertical por un grupo selecto de expertos cuyas deliberaciones y gran parte de sus actuaciones permanecen en la sombra, ajenas al control popular-, sino por el contrario: popularizar la defensa en el sentido de que todas las personas conozcan y participen abierta y democráticamente en la definición de los objetivos y de la metodología básica de la política de defensa. Defensa de las libertades, defensa de los derechos, defensa de una mejora en las condiciones de vida. El secretismo militar configura una élite que toma las decisiones sin consultar y sin poder ser inspeccionada por la ciudadanía. De esta manera se consigue el desinterés de la sociedad y la delegación continuada en un tema tan crucial, o bien las adhesiones acríticas y en absoluto participativas y democráticas.

En este sentido de trabajar contra el secreto militar, es de destacar la campaña «Por la transparencia en el comercio internacional de armas» que actualmente están promoviendo Amnistia Internacional, Greenpeace, Intermón y Médicos sin Fronteras, cuya finalidad es solicitar que se hagan públicos los negocios de importación y exportación de armamentos que realiza el Estado español para que la sociedad pueda analizarlos y decidir sobre su utilidad o inutilidad y su respeto o violación de los Derechos Humanos. Esta iniciativa representa un primer paso de lucha noviolenta de la sociedad para defender el derecho a estar informada acerca del gasto destinado al apartado defensivo militar. También es importante, y un paso más en cuanto a compromiso personal y social, la campaña pro Objeción Fiscal al Gasto Militar que desvía una parte del dinero destinado al Ministerio de Defensa, dirigiendo el tanto por ciento correspondiente al mismo en nuestra propia declaración de la renta a un destino social gestinado por ONGs que luchan por un concepto de defensa no militarista, defensa de los derechos, las libertades y la justicia, defensa de la paz y de la solidaridad.

Estos ejemplos demuestran que la DPNV no es una construcción quimérica ni irreal, sino que es una acción política comprometida y solidaria que tiene lugar aquí y ahora, en la realidad cotidiana, rindiendo algunos frutos observables. Por ejemplo: no se puede dudar de que la mentalidad de la juventud ha cambiado en lo referente a la defensa militar; si hace tan sólo 20 años se pensaba que el Servicio Militar era un deber irrenunciable y el Ejército una realidad inamovible, ahora un porcentaje considerable de los jóvenes y las jóvenes no sólo opina que no es la mejor manera de defender los intereses de la sociedad, sino que, además, un número considerable objetan al Servicio Militar, esto es, se comprometen en una campaña de no colaboración que, incluso, acaba en ocasiones adoptando actitudes de desobediencia civil, pública y colectiva, afrontando duras penas represivas, encarcelamientos e inhabilitaciones: la insumisión. La desobediencia civil antimilitarista ha sido también durante los últimos años, en el Estado español, un ejemplo clave de defensa social alternativa: defensa frente al militarismo como agresión a la sociedad incluso en situaciones de ausencia de guerra. No se puede obviar que todo esto representa un cambio en la concepción de la defensa por parte de la juventud. Tampoco se puede negar que, a la vez, es una acción política coordinada que propone análisis y alternativas a la sociedad desde la solidaridad y la legitimidad, y las propone no exclusivamente en la teoría, sino desde la práctica.

Por lo tanto, la actual alternativa a la defensa militar no es tan sólo oposición y crítica, sino que muchas organizaciones no gubernamentales y otros colectivos sociales y grupos de personas plantean al gobierno y a la sociedad alternativas constructivas y efectivas en muchos campos de la vida política y social. Otro ejemplo es la labor que han realizado las personas activas en la Plataforma 0’7%. Su reivindicación era una lucha en defensa de aquello que les importaba, la forma de colaborar a un desarrollo del Estado español basado en principios cooperativos. Su acción fue noviolenta y de diálogo, buscaban actuar de forma preventiva sobre una posible causa del subdesarrollo del llamado Tercer Mundo, esto es, el orden económico internacional que sólo lucra a los países que se llaman desarrollados. Ejemplos como éste son habituales y seguramente si cada persona analizase las actividades de los movimientos sociales en los cuales incluso puede que participe, descubriría que en muchos casos ya se están realizando acciones concretas para defender aquello que realmente interesa y que, por lo tanto, son alternativas noviolentas reales, eficaces y actuales a la política de defensa militar.

Los antimilitaristas y las antimilitaristas estamos acostumbradas a que se nos interpele sobre qué alternativa ofrecemos al modelo de defensa militar contra el cual trabajamos. Y sentimos extrañeza cuando esta interrogación escéptica proviene de personas, colectivos que ya están trabajando no en negativo, sino en positivo, desarrollando un modelo de defensa alternativo en su raíz al modelo militar. Algunos movimientos sociales son, somos como aquél que hablaba en prosa y no lo sabía. Estamos colaborando ya en la construcción de una alternativa de defensa noviolenta, pero quizá no seamos conscientes de ello por nuestra propia rigidez a la hora de enfocar determinadas cuestiones8.


§



Referencias



1Véase Misiones de paz. Militares españoles en el mundo. 1979-1991, edit. Ministerio de Defensa, Madrid, 1991. Se trata de una lujosa edición que da cuenta de una manera propagandística y enfática de la participación de militares españoles en tareas de pacificación... como es el caso de la Guerra del Golfo Pérsico.


2 Revista Española de Defensa, nº 73, edit. Ministerio de Defensa, marzo 1994; pág. 14. Énfasis nuestro.


3 Revista Española de Defensa, nº 68, edit. Ministerio de Defensa, octubre 1993; pág. 12.


4 Revista Española de Defensa, nº 73, edit. Ministerio de Defensa, marzo 1994; págs. 14 y 15.


5 Véase Vicenç Fisas: Secretos que matan, Icaria, Barcelona, 1995; en las págs. 47-52:

«Desde 1988 se han firmado contratos o se ha entregado material militar [a Marruecos] por valor de 60.000 millones de pesetas. ENASA suministró camiones y blindados BMR-600; Bazán exportó seis patrulleras, un simulador de tiro y repuestos para cañones; Explosivos de Burgos sirvió munición; Sainco, un simulador táctico naval; CASA proporcionó siete aviones de transporte, y la firma IVECO-Pegaso suministrará camiones militares. Están en fase de negociación importantes contratos, por un valor superior a los 40.000 millones de pesetas.

»Desde 1988, Marruecos libra una guerra con el Frente Polisario para hacerse con el control del Sahara Occidental, y ha entorpecido la celebración de un referéndum, bajo los auspicios de las Naciones Unidas, en esa zona. En 1988 presentaba un índice de gastos militares equivalente al 4’2% del PIB. Es decir, un nivel de militarización bastante elevado.

»A finales de año, Marruecos no había firmado el Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales. En cuanto a la Convención contra la Tortura, ha formulado la reserva de que no reconoce la competencia del Comité contra la Tortura para examinar información fiable que parezca indicar que la tortura se practica sistemáticamente y para emprender una investigación confidencial si ello está justificado...»


6 Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo: Informe sobre desarrollo humano 1994, capítulo 2: «Nuevas dimensiones de la seguridad humana», Fondo de Cultura Económica, México, 1994. Los subrayados son nuestros.


7 Durante la década de los 80 se ha definido ampliamente el concepto violencia estructural. Uno de los autoes más conocidos a este respecto es Johan Galtung: Sobre la paz, Fontamara, Madrid, 1985.


8 Pueden complementarse algunos de estos aspectos visitando también el monográfico sobre Alternativas de Defensa elaborado por Utopía Contagiosa para la revista Mambrú (Mambrú: Apartado 1286, 50080 Zaragoza; Utopía Contagiosa: Animas, 3-4ºA, 28911 Leganés, Madrid); el libro coordinado por Tritón a partir de contribuciones de varios colectivos: Gasto Militar y Alternativas Sociales. Un análisis del Gasto militar y las propuestas de los Movimientos Sociales, 1997 (Tritón: Apartado 13, 28901 Getafe); y Gonzalo Arias (ed.): Proyecto político de la Noviolencia, Nueva Utopía, Madrid, 1995.


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