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Bases para una alternativa noviolenta a la defensa militar

Y si quitamos el ejército, ¿qué?

Sección:Noviolencia
Martes 12 de diciembre de 2006 0 comentario(s) 3206 visita(s)

Este texto fue elaborado por el MOC-València en febrero de 1997 como parte de un documento más amplio que argumentaba la puesta en marcha en esos momentos de la campaña de Insumisión en los cuarteles. El texto recoge principalmente el trabajo del colectivo Utopía Contagiosa sobre las posibilidades de una alternativa noviolenta a la defensa militar, diferenciada de ésta última no solamente en el sujeto y los medios de la defensa, sino también en el objeto de la defensa. La alternativa noviolenta, planteada así, supone un cambio de paradigma que desmonta esos viejos dilemas militaristas tipo "pero si quitamos el ejército y nos invaden ¿qué hacemos?".



BASES PARA UNA
ALTERNATIVA NOVIOLENTA A LA DEFENSA MILITAR


Para
delimitar previamente cuáles pueden ser los posibles modelos
de defensa alternativos al militar en el futuro es necesario definir,
previamente, en qué momento de la evolución de las
políticas de defensa y en qué contexto histórico
nos encontramos.



Aspectos del Estado
español


Se
puede resumir la evolución de la política defensiva en
el Estado español en tres grandes momentos:

1.-
En la época franquista el Ejército estaba
ampliamente sobredimensionado y era ineficaz para las labores
defensivas
, pero orientado hacia el llamado enemigo interno,
con el fin de controlar cualquier intento de contestación
al régimen dictatorial
. El papel de los militares excedía
el terreno defensivo y se ampliaba hasta el intervencionismo
descarado en la dirección política y social del
conjunto de la sociedad.

2.-
En la época de la transición se empezó a
reformar la estructura militar con el fin de quitarle peso político

y también para racionalizar la política de material y
personal.

3.-
En la época de gobierno del PSOE se ha continuado dicha
reestructuración técnica y política
y se ha
dotado al Ejército de un nuevo campo de acción: el
terreno internacional
. Así, tras un tormentoso referéndum
se integró el Estado español en la OTAN y se aumentaron
progresivamente las acciones reales en territorio ajeno con nuestra
aportación, entre otras, a las operaciones Tormenta del
Desierto y en la actuación bajo la bandera ONU en la antigua
Yugoslavia.1

Esta evolución demuestra que es posible la reforma, incluso
en profundidad, de la estructura defensiva en nuestro país
,
y que la única condición indispensable es que exista
voluntad política para ejecutarla. Por lo tanto, a la vista de
la evolución histórica en materia defensiva del Estado
español, la postura que siempre ha calificado de imposible
cualquier cambio que ha propuesto el movimiento pacifista, queda a su
vez descalificada
.


Aspectos
internacionales


Además
de la evolución que se ha desarrollado de forma somera en el
apartado anterior, también son importantes los cambios en la
situación internacional que hemos enfocado de manera más
amplia en el capítulo previo, y que ahora resumimos en los
aspectos que más nos interesan de cara a nuestras conclusiones
posteriores:

Los últimos años se pueden considerar una época de
transicion y de indefinición, con la consiguiente crisis de
valores
. Se parte de un mundo en constante peligro de guerra
nuclear y de destrucción total por alguna de las
superpotencias y con una profunda guerra de desgaste basada en
diferencias ideológicas. Y actualmente nos encontramos en
mundo en el cual los expertos en política nos presentan un
futuro altamente incierto, no ha disminuido el peligro nuclear (antes
bien, se ha magnificado en algunos aspectos al encontrarse el
armamento nuclear repartido entre más manos y regímenes
no muy estables), el enfrentamiento meramente ideológico ha
dejado paso a la explosión de los latentes conflictos étnicos,
religiosos, y sobre todo al conflicto Norte-Sur o ricos-pobres
.

En
el ámbito defensivo, estos años que vivimos son
inciertos porque se están redefiniendo las bases que daban
sentido y utilidad a la defensa militar
: el garante del papel de
los Estados y de las soberanías nacionales. En esta época
el papel omnipotente y omnipresente del Estado es cuestionado desde
cuatro ángulos distintos:


por los nacionalismos internos que rebelan que aquello que se
nos presentaba en la historia reciente como monolítico esconde
en ocasiones una realidad muy plural y conflictiva, que hay que
aprender a respetar y a articular de manera constructiva;


por los proyectos de uniones supraestatales (UE, OTAN,
protagonismo de la ONU en acciones militares y/o humanitarias), que
necesitan la superación de valores y objetivos defensivos
militares clásicos como son el concepto de Patria y la defensa
a ultranza de las fronteras;


por el papel cada vez más importante de las multinacionales
que defienden intereses particulares apoyándose en los
Estados, o actuando al margen de ellos, e incluso por encima de
ellos, haciendo en muchos casos que conceptos como la soberanía
popular expresada a través de los mecanismos de la democracia
representativa a nivel de Estado-Nación sean poco más
que papel mojado;


por la emergencia de un nuevo tipo de actor nacional e
internacional como son las organizaciones no gubernamentales

(ONGs) que articulan, mediante prácticas y con significaciones
políticas muy plurales, nuevos intereses legítimos de
la sociedad que se expresan en gran medida al margen de los designios
estatales.

En
conclusión, el garante por antonomasia del Estado, y el
Ejército lo es, se encuentra en una situación de
profunda crisis de identidad, definición, expectativas y, lo
que es más grave, de utilidad.

Uno
de los resultados de todos estos procesos históricos es el
planteamiento, tanto desde la estructura militar como desde la
sociedad civil, de las siguientes preguntas: ¿qué es lo
que hay que defender y cómo hay que defenderlo? Y como
consecuencia de la respuesta que se dé a esta pregunta, ¿cuál
es la utilidad del Ejército y del militarismo?.

Volviendo
a circunscribir nuestras reflexiones al ámbito del Estado
español, el proceso de reflexión realizado dentro de
los ejércitos y del propio Ministerio de Defensa llega a la
conclusión de que

«la nueva estrategia militar parte de la premisa básica de que España no tiene enemigos. No obstante, se insiste en la necesidad de mantener una adecuada capacidad militar para hacer frente a las exigencias derivadas de la seguridad nacional y actuar colectivamente en la defensa común de Europa.»2

Sin
embargo, se pone especial énfasis en redefinir la función
de la Fuerzas Armadas de manera que, según el ex-Ministro de
Defensa Julián García Vargas en la Comisión de
Defensa del Congreso,

«debe orientarse a la gestión de crisis internacionales que pueden afectar a los intereses vitales propios o poner en riesgo la estabilidad internacional», y así «la inestabilidad que vemos a nuestro alrededor nos obliga a centrarnos en tareas de gestión de crisis limitadas que comprenden tanto operaciones de mantenimiento como de imposición de paz, entendida ésta como la acción para detener a un agresor.»3

De
este paradójico análisis en el que no se reconocen
enemigos, pero se preven inestabilidades y crisis, sin delimitar
cuáles son, surgen por arte de birlibirloque la necesidad de
mantener el Ejército, de profesionalizarlo, de dotarlo con
mejoras técnicas, etc.

Si
se ahonda un poco más se descubre que es el flanco Sur el que
proporciona los mayores focos de inestabilidad y posibles conflictos.
Son países como Marruecos, Argelia, Túnez y Libia los
posibles agresores y/o enemigos potenciales como señala el
propio Ministerio de Defensa: «el Mediterráneo es un
escenario inquietante para la paz y la seguridad de Europa por su
virtual conflictividad.»4

Pero
si realmente queremos profundizar en lo que sería el núcleo
del conflicto entre el Estado español y los países del
Norte de Africa, conviene que estudiemos atentamente la siguientes
tablas comparativas, cuyos datos están tomados del Informe
sobre Desarrollo Humano 1994 del Programa de las Naciones Unidas para
el Desarrollo (PNUD):

PAIS

Población
92

PNB
92 (Millones dólares)

PNB
92 per capita (Dólares)

España

39.077.000

547.947

14.020

Libia

4.873.000

30.000

6.300

Túnez

8.405.000

14.615

1.740

Argelia

26.375.000

48.326

1.830

Marruecos

26.262.000

27.210

1.040








Indice
de desarrollo humano

Esperanza
de vida al nacer

%
de alfabetización de adultos

España

1993

0’923

77’0

97’5


1994

0’888

77’4

98’0

Libia

1993

0’658

61’8

63’8


1994

0’703

62’4

66’5

Túnez

1993

0’600

66’7

65’3


1994

0’690

67’1

68’1

Argelia

1993

0’528

65’1

57’0


1994

0’553

65’6

60’6

Marruecos

1993

0’433

62’0

49’5


1994

0’549

62’5

52’5

La
conclusión que fácilmente se deduce es que el
verdadero conflicto es la diferencia entre las difíciles
condiciones de vida de los países norteafricanos y las cómodas
condiciones generales del Estado español
. Así, el
conflicto que toma relevancia no es el que enfrenta a las Fuerzas
Armadas de dos Estados, sino las desigualdades políticas,
económicas y sociales que existen entre dos sociedades
.
Dichas desigualdades tienen unas causas históricas y son,
ciertamente, generadoras de conflictos. Pero lo que no es verdad es
que la manera de solventar estos conflictos tenga que pasar
obligatoriamente por el uso de las armas y de los ejércitos,
ni tampoco se entiende entonces que en gran medida el desarrollo de
nuestra industria militar nacional y europea se apoye precisamente en
el mantenimiento de algunos de estos mismos países, que son
nuestros «enemigos o focos potenciales de conflicto»,
como clientes de tan siniestro negocio.5



Hacia un nuevo
concepto de defensa


Esta
conclusión y este análisis nos exige un cambio
paradigmático de nuestro habitual concepto de defensa.
Dicho cambio requiere otras coordenadas de referencia a las cuales no
estamos acostumbrados y esto, en primera instancia, nos lleva
generalmente a rechazar estas conclusiones derivadas del análisis
de los datos, aunque en el fondo la sepamos lógicas y
coherentes. Normalmente tendemos a engañarnos y a buscar
excusas del tipo «es un análisis correcto, muy bonito,
pero desde una postura muy utópica» para despreciar esta
manera de discurrir y poder volver a la tranquilidad de nuestros
viejos esquemas de análisis en los que nos moveremos con más
comodidad.

Sin
embargo, lo que viene a continuación es el mismo análisis...
pero realizado por un organismo tan poco sospechoso de albergar
deseos desestabilizadores como es el ya mencionado PNUD:

«El concepto de seguridad se ha interpretado en forma estrecha durante demasiado tiempo: en cuanto a seguridad del territorio contra la agresión externa o como protección de los intereses nacionales en la política exterior o como seguridad mundial frente a la amenaza de un holocausto nuclear. La seguridad se ha relacionado más con el Estado-Nación que con la gente. Se dejaban de lado la preocupaciones legítimas de la gente común que procuraba tener seguridad en su vida cotidiana. Para muchos, la seguridad simboliza la protección contra la amenaza de la enfermedad, el hambre, el desempleo, el delito, la represión política y los riesgos del medio ambiente.
»En definitiva, la seguridad humana se expresa en un niño que no muere, en una enfermedad que no se difunde, en un empleo que no se elimina, en una tensión étnica que no explota en violencia, en un disidente que no es silenciado. La seguridad humana no es una preocupación por las armas: es una preocupación por la vida y por la dignidad humanas.
»La idea de seguridad humana, aunque simple, probablemente constituirá una revolución en la sociedad del siglo XXI. Una consideración del concepto básico de seguridad humana debe centrarse en cuatro de sus características esenciales:
La seguridad humana es una preocupación universal. Es pertinente a la gente de todo el mundo, tanto en países ricos como en países pobres. Hay muchas amenazas que son comunes a toda la gente, como el desempleo, los estupefacientes, el delito, la contaminación y las violaciones de los Derechos Humanos. Su intensidad puede variar de un lugar a otro, pero todas esas amenazas contra la seguridad humana son reales y van en aumento.
Los componentes de la seguridad humana son interdependientes. Cuando la seguridad de la población está amenazada en cualquier parte del mundo, es probable que todos los países se vean afectados. El hambre, la enfermedad, la contaminación, el tráfico de estupefacientes, el terrorismo, los conflictos

étnicos y la desintegración social ya no son
acontecimientos aislados, confinados dentro de las fronteras
nacionales. Sus consecuencias llegan a todo el mundo.

Es más fácil velar por la seguridad humana mediante la prevención temprana que con la intervención posterior. Por ejemplo, los costos directos e indirectos del virus de inmunodeficiencia humana (SIDA) ascendían a unos 240.000 millones de dólares en el decenio de 1980. Unos pocos miles de millones de dólares invertidos en la atención primaria a la salud y en la educación en planificación familiar podrían haber ayudado a contener la difusión de esta enfermedad mortal.
La seguridad humana está centrada en el ser humano. Se preocupa por la forma en que la gente vive en una sociedad, la libertad con la que puede ejercer diversas opciones, el grado de acceso al mercado y a las oportunidades sociales, y la vida en conflicto o paz.»6

En
definitiva, se hace necesario conformar una concepción de
la defensa novedosa y que realmente sea alternativa a los distintos
modelos de defensa militares existentes
(como son la defensa
nuclear, la defensa militar periférica o en profundidad, las
defensas no ofensivas, la defensa popular de guerrillas o las moderna
guerras de baja intensidad, e incluso cualquier modelo militar que se
nutra de soldados de reemplazo o de voluntarios). Estos modelos no
son más que distintas maneras puntuales de ejecutar la misma
política basada en el uso de la fuerza o en la amenaza de su
usos, vienen legitimados por la posibilidad de un hipotético
enemigo externo, sostenidos por una política exterior agresiva
y competitiva en unas relaciones económicas que fomentan la
dependencia y la pobreza
.


La alternativa de
defensa noviolenta: la defensa popular noviolenta


Desde
el sector noviolento del movimiento pacifista llevamos años
propugnando e intentando desarrollar tanto de forma teórica
como en la práctica una alternativa a la defensa militar
que denominamos defensa popular noviolenta (DPNV)
. Lejos de
rehuir el debate social y político de la defensa de la
sociedad, el movimiento pacifista noviolento lo potencia y lo asume
como un área de trabajo en la que quiere desarrollar una línea
de pensamiento teórico y una práctica política
coherente que sea asumible y realizable por el conjunto de la
sociedad.

Generalmente,
la necesidad de configurar una alternativa a la defensa militar
incluso por parte de grupos sociales de base se ha entendido como una
obligación de responder de manera diferente a las agresiones y
enemigos conceptualizados desde una perspectiva militarista, por
ejemplo: cómo responder con actitudes no violentas o con
formas de organización no militarizadas a la agresión
de un ejército enemigo
. Esta perspectiva conlleva multitud
de paradojas y contradicciones, en tanto que deja incontestado uno de
los aspectos fundamentales de cualquier concepto global de la
defensa, a saber: cuáles son los verdaderos enemigos de las
sociedades, de qué hay que defenderse.
La DPNV parte de
la necesidad real que tiene la sociedad de defender sus intereses, y
plantea un cambio paradigmático en la concepción de la
defensa
. En línea, por ejemplo, con los recientes
planteamientos sobre «seguridad humana» del PNUD que
anteriormente visitábamos, la idea de defensa que se plantea
desde la DPNV es la de defender los logros y derechos sociales,
políticos y económicos que ha conseguido la Humanidad a
lo largo de su desarrollo histórico
.

Pero
además, respondiendo a la segunda cuestión importante
que plantea cualquier concepto de sistema defensivo, es decir, cómo
debemos o podemos defendernos
, el planteamiento metodológico
de la DPNV opta por la noviolencia como la manera más
coherente y positiva de intervenir en los conflictos
. Desde esta
perspectiva, la acción noviolenta no se entiende (nunca
se ha entendido así, por cierto) como pasividad y sumisión
ante las injusticias, sino como una forma de hacer aflorar los
conflictos que generan violencia y de tratarlos de manera
constructiva
.

Los
conflictos bélicos suelen ser la llamativa punta del iceberg
de muchísimas tensiones y/o injusticias de todo tipo que se
unen y potencian para estallar en un momento determinado. El
movimiento pacifista noviolento es consciente de que la única
esperanza de acabar con las guerras es colaborar en analizar y
proponer medidas alternativas para los conflictos que las generan.
Por lo tanto, la DPNV quiere abordar los conflictos en su raíz
y no sólo sus manifestaciones puntuales o coyunturales. Por
ello, existe una preferencia en la DPNV por realizar trabajos en
todos aquellos conflictos generados por causa de la violencia
estructural, esto es, por la violencia económica, política
y social, que es la forma de violencia prioritaria generada por las
estructuras del propio sistema en que nos encontramos (o generaría
cualquier otro sistema)
.7

En
cambio, los Estados, los ejércitos y los gobiernos se empeñan
en desviar la atención y el debate hacia aquellos
conflictos que ya han estallado violentamente
. Nos los presentan
como inevitables y en ellos encuentran la autojustificación de
la existencia de los ejércitos y del militarismo. Pero el
análisis de los casos haitiano, somalí, ex-yugoslavo,
por citar tan sólo unos pocos ya acaecidos -o bien podríamos
aventurar una reflexión sombría, con el deseo de
equivocarnos: predecir asimismo aquellos casos, como el conflicto
saharaui, donde el estallido violento del conflicto por la desidia
internacional es un hecho anunciado-, nos lleva a concluir que una
vez que la crisis ha culminado en guerra, es muy posible que se haya
sobrepasado el punto de no retorno
. Normalmente los contendientes
no tienen ya ninguna esperanza de poder conseguir sus
reivindicaciones por medios pacíficos y, lo que es peor,
consideran que no existen cauces democráticos y cooperativos
que les sean de utilidad porque sólo han sido educados en la
resolución de conflictos por métodos violentos. En
dichos momentos es muy difícil una intervención
constructiva, y es entonces cuando se reconoce que la mejor
actuación hubiese sido la preventiva
. Y además, se
reflexiona que esa acción preventiva hubiese debido
ejecutarse sobre las desigualdades o injusticias
(pobreza,
deterioro medioambiental, incapacidad de libre ejercicio de derechos
políticos y sociales, etc.) que son la base y causa última
de los conflictos
.

Desde
este enfoque carece de sentido que el debate se centre generalmente
de forma casi exclusiva en si tienen legitimidad o no las
revoluciones violentas, o si son efectivas y legales las
intervenciones militares de los Cascos Azules de las Naciones Unidas.
Estos planteamientos son meros fuegos de artificio que pretenden
desviar la atención de lo fundamental: hay que ser
conscientes de que los conflictos humanos se reproducirán a lo
largo del tiempo
. Sin embargo, sí es posible modificar
la manera de abordarlos buscando formas noviolentas y constructivas
.
Y, por último, es necesario asumir que los conflictos
tienen bases definidas en las desigualdades sociales, políticas
y económicas
. Una prueba palpable y reciente de todo ello
es el caso zapatista, donde la revuelta armada ha dejado sitio en el
centro de los esfuerzos a las acciones diplomáticas, de
negociación, de difusión y de autoorganización
no para conquistar el poder político institucional mediante
formas de organización verticales, sino para garantizar la
autonomía de los colectivos y las gentes y para mejorar sus
condiciones de vida.

Desde
la DPNV se aboga por una intervención preventiva en los
conflictos
. De esta manera se pretende evitar que estalle la
violencia o que ésta aumente, generando la progresión
en la espiral de la violencia que definieron Gandhi y Luther King.

Este
compromiso para abordar y paliar las situaciones que originan los
conflictos, es decir, la violencia estructural, sólo es
posible si se consigue fomentar que todos los individuos de nuestras
sociedades intervengan de manera participativa e igualitaria en el
asunto de la defensa
. Es decir, que los ciudadanos y ciudadanas
participen de manera noviolenta y constructiva en la defensa de sus
derechos y libertades, y en la mejora de los mismos. Uno de los
objetivos básicos de la DPNV es popularizar la defensa
.
Pero popularizar la defensa no en el sentido que pretenden las
campañas recientes de nuestros gobiernos -asumir de forma
entusiástica y con muestras de adhesión incondicional y
acrítica las directrices de defensa militarista diseñadas
de forma vertical por un grupo selecto de expertos cuyas
deliberaciones y gran parte de sus actuaciones permanecen en la
sombra, ajenas al control popular-, sino por el contrario: popularizar la defensa en el sentido de que todas las personas
conozcan y participen abierta y democráticamente en la
definición de los objetivos y de la metodología básica
de la política de defensa
. Defensa de las libertades,
defensa de los derechos, defensa de una mejora en las condiciones de
vida. El secretismo militar configura una élite que toma
las decisiones sin consultar y sin poder ser inspeccionada por la
ciudadanía
. De esta manera se consigue el desinterés
de la sociedad y la delegación continuada en un tema tan
crucial, o bien las adhesiones acríticas y en absoluto
participativas y democráticas.

En
este sentido de trabajar contra el secreto militar, es de destacar la
campaña «Por la transparencia en el comercio
internacional de armas» que actualmente están
promoviendo Amnistia Internacional, Greenpeace, Intermón y Médicos sin Fronteras, cuya
finalidad es solicitar que se hagan públicos los negocios de
importación y exportación de armamentos que realiza el
Estado español para que la sociedad pueda analizarlos y
decidir sobre su utilidad o inutilidad y su respeto o violación
de los Derechos Humanos. Esta iniciativa representa un primer paso
de lucha noviolenta de la sociedad para defender el derecho a estar
informada acerca del gasto destinado al apartado defensivo militar
.
También es importante, y un paso más en cuanto a
compromiso personal y social, la campaña pro Objeción
Fiscal al Gasto Militar que desvía una parte del dinero
destinado al Ministerio de Defensa, dirigiendo el tanto por ciento
correspondiente al mismo en nuestra propia declaración de la
renta a un destino social gestinado por ONGs que luchan por un
concepto de defensa no militarista, defensa de los derechos, las
libertades y la justicia, defensa de la paz y de la solidaridad.

Estos
ejemplos demuestran que la DPNV no es una construcción
quimérica ni irreal, sino que es una acción política
comprometida y solidaria que tiene lugar aquí y ahora, en la
realidad cotidiana, rindiendo algunos frutos observables
. Por
ejemplo: no se puede dudar de que la mentalidad de la juventud ha
cambiado en lo referente a la defensa militar; si hace tan sólo
20 años se pensaba que el Servicio Militar era un deber
irrenunciable y el Ejército una realidad inamovible, ahora un
porcentaje considerable de los jóvenes y las jóvenes no
sólo opina que no es la mejor manera de defender los intereses
de la sociedad, sino que, además, un número
considerable objetan al Servicio Militar, esto es, se comprometen en
una campaña de no colaboración que, incluso, acaba en
ocasiones adoptando actitudes de desobediencia civil, pública
y colectiva, afrontando duras penas represivas, encarcelamientos e
inhabilitaciones: la insumisión. La desobediencia civil
antimilitarista ha sido también durante los últimos
años, en el Estado español, un ejemplo clave de defensa
social alternativa: defensa frente al militarismo como agresión
a la sociedad incluso en situaciones de ausencia de guerra
. No se
puede obviar que todo esto representa un cambio en la concepción
de la defensa por parte de la juventud. Tampoco se puede negar que,
a la vez, es una acción política coordinada que propone
análisis y alternativas a la sociedad desde la solidaridad y
la legitimidad, y las propone no exclusivamente en la teoría,
sino desde la práctica.

Por
lo tanto, la actual alternativa a la defensa militar no es tan sólo
oposición y crítica, sino que muchas organizaciones no
gubernamentales y otros colectivos sociales y grupos de personas
plantean al gobierno y a la sociedad alternativas constructivas y
efectivas en muchos campos de la vida política y social
.
Otro ejemplo es la labor que han realizado las personas activas en la
Plataforma 0’7%. Su reivindicación era una lucha en defensa
de aquello que les importaba, la forma de colaborar a un desarrollo
del Estado español basado en principios cooperativos. Su
acción fue noviolenta y de diálogo, buscaban actuar de
forma preventiva sobre una posible causa del subdesarrollo del
llamado Tercer Mundo, esto es, el orden económico
internacional que sólo lucra a los países que se llaman
desarrollados. Ejemplos como éste son habituales y
seguramente si cada persona analizase las actividades de los
movimientos sociales en los cuales incluso puede que participe,
descubriría que en muchos casos ya se están realizando
acciones concretas para defender aquello que realmente interesa y
que, por lo tanto, son alternativas noviolentas reales, eficaces y
actuales a la política de defensa militar
.

Los
antimilitaristas y las antimilitaristas estamos acostumbradas a que
se nos interpele sobre qué alternativa ofrecemos al modelo de
defensa militar contra el cual trabajamos. Y sentimos extrañeza
cuando esta interrogación escéptica proviene de
personas, colectivos que ya están trabajando no en
negativo, sino en positivo, desarrollando un modelo de defensa
alternativo en su raíz al modelo militar
. Algunos
movimientos sociales son, somos como aquél que hablaba en
prosa y no lo sabía. Estamos colaborando ya en la
construcción de una alternativa de defensa noviolenta
,
pero quizá no seamos conscientes de ello por nuestra propia
rigidez a la hora de enfocar determinadas cuestiones8.


§




Referencias




1Véase Misiones
de paz. Militares españoles en el mundo. 1979-1991
, edit.
Ministerio de Defensa, Madrid, 1991. Se trata de una lujosa edición
que da cuenta de una manera propagandística y enfática
de la participación de militares españoles en tareas de
pacificación... como es el caso de la Guerra del Golfo
Pérsico.


2
Revista Española de Defensa, nº 73, edit. Ministerio de
Defensa, marzo 1994; pág. 14. Énfasis nuestro.



3
Revista Española de Defensa, nº 68, edit. Ministerio de
Defensa, octubre 1993; pág. 12.



4
Revista Española de Defensa, nº 73, edit. Ministerio de
Defensa, marzo 1994; págs. 14 y 15.



5
Véase Vicenç Fisas: Secretos que matan, Icaria,
Barcelona, 1995; en las págs. 47-52:

«Desde
1988 se han firmado contratos o se ha entregado material militar [a
Marruecos] por valor de 60.000 millones de pesetas. ENASA suministró
camiones y blindados BMR-600; Bazán exportó seis
patrulleras, un simulador de tiro y repuestos para cañones;
Explosivos de Burgos sirvió munición; Sainco, un
simulador táctico naval; CASA proporcionó siete aviones
de transporte, y la firma IVECO-Pegaso suministrará camiones
militares. Están en fase de negociación importantes
contratos, por un valor superior a los 40.000 millones de pesetas.

»Desde
1988, Marruecos libra una guerra con el Frente Polisario para hacerse
con el control del Sahara Occidental, y ha entorpecido la celebración
de un referéndum, bajo los auspicios de las Naciones Unidas,
en esa zona. En 1988 presentaba un índice de gastos militares
equivalente al 4’2% del PIB. Es decir, un nivel de militarización
bastante elevado.

»A
finales de año, Marruecos no había firmado el Protocolo
Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Económicos,
Sociales y Culturales. En cuanto a la Convención contra la
Tortura, ha formulado la reserva de que no reconoce la competencia
del Comité contra la Tortura para examinar información
fiable que parezca indicar que la tortura se practica
sistemáticamente y para emprender una investigación
confidencial si ello está justificado...»



6
Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo: Informe sobre
desarrollo humano 1994
, capítulo 2: «Nuevas
dimensiones de la seguridad humana», Fondo de Cultura
Económica, México, 1994. Los subrayados son nuestros.



7
Durante la década de los 80 se ha definido ampliamente el
concepto violencia estructural. Uno de los autoes más
conocidos a este respecto es Johan Galtung: Sobre la paz,
Fontamara, Madrid, 1985.



8
Pueden complementarse algunos de estos aspectos visitando también
el monográfico sobre Alternativas de Defensa elaborado por
Utopía Contagiosa para la revista Mambrú (Mambrú:
Apartado 1286, 50080 Zaragoza; Utopía Contagiosa: Animas,
3-4ºA, 28911 Leganés, Madrid); el libro coordinado por
Tritón a partir de contribuciones de varios colectivos: Gasto
Militar y Alternativas Sociales. Un análisis del Gasto militar
y las propuestas de los Movimientos Sociales, 1997 (Tritón:
Apartado 13, 28901 Getafe); y Gonzalo Arias (ed.): Proyecto político
de la Noviolencia, Nueva Utopía, Madrid, 1995.


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