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La militarización de la política israelí

Guerra Eterna

Sección:Informativa
Martes 29 de agosto de 2006 0 comentario(s) 1194 visita(s)

Guerra Eterna

Seguro que muchos han leído esa frase que dice que Israel no es un país que tiene un ejército, sino un ejército que tiene un país. Suena contundente, pero está algo alejada de la realidad. El problema de Israel no tiene que ver tanto con la superioridad del poder militar sobre el civil (para entendernos, no es una dictadura latinoamericana de los 70), sino de militarización del lenguaje político.

La última guerra del Líbano arroja algunas consecuencias interesantes al respecto. No se puede decir que haya sido un conflicto impuesto por el alto mando militar sobre el poder civil. Las Fuerzas Armadas israelíes tenían otras opciones que, como había ocurrido otras veces en los últimos seis años, contemplaban ataques contra las posiciones de Hizbolá en el sur del Líbano, y no necesariamente una ofensiva total.

Fueron Olmert y Peretz, la combinación más civil y con menos experiencia militar que haya habido nunca en los principales puestos políticos del país, los que apostaron por la estrategia finalmente aplicada, aunque es cierto que en los últimos dos días condicionaron la ofensiva por tierra a las negociaciones que tenían lugar en la sede de la ONU.

Y si consideramos que los medios de comunicación forman parte de la sociedad civil, lo que es obvio, encontraremos que la gran mayoría de ellos apoyó la decisión de ir a la guerra. A su final, han criticado la actuación del Ejército (la falta de material para los reservistas, las deficiencias logísticas...) o el resultado del conflicto, pero muy pocos han cuestionado la estrategia adoptada.

Por tanto, no son sólo los militares los que afirman en Israel que siempre hay una solución militar para un problema político.

Para entender la influencia de los generales en Israel, acaba de aparecer un libro que responde a algunas de estas cuestiones. «Generals in the Cabinet Room: How the Military Shapes Israeli Policy». Su autor es Yoram Peri, que fue asesor de Rabin y hoy es un reconocido experto en temas de seguridad.

Peri explica que el Ejército no se limita a aplicar la política aprobada por el Gobierno, sino que interviene de forma activa, e influyente, en el proceso de toma de decisiones. Esta intervención no se hace a espaldas de los políticos. Son éstos quienes la favorecen y la permiten a través de distintos canales institucionales. En este proceso, se crean ’coaliciones’ entre políticos y militares (a estos últimos habría que añadir los responsables de los servicios de inteligencia) al servicio de ciertas estrategias y también con el fin de vender a la opinión pública una determinada política.

Como en toda coalición, si uno de los socios es demasiado débil, el otro no desaprovecha la oportunidad. Esto ha sido evidente durante la intifada de Al Aqsa, según Peri. Sin soluciones estratégicas que aportar, los políticos dejaron que fueran los militares los que dirigieran la respuesta a la rebelión palestina.

Y por debajo de la discusión política, en los hechos sobre el terreno, la influencia del Ejército era aún mayor. Los generales ordenaron a sus soldados una actuación agresiva que provocó un alto número de bajas entre los palestinos. Decir que los militares estaban descontrolados no cuenta toda la realidad. En la práctica, los Gobiernos dejaron que el Ejército llevara la iniciativa, no sólo militar, sino también política.

La tendencia no es nueva. Entre 1967 y Oslo, existía una doble infraestructura civil y militar de Israel para gestionar la situación de Gaza y Cisjordania. La formación de la Autoridad Palestina y la segunda intifada hicieron que esa vertiente civil desapareciera por completo. La antigua ficción por la que Israel se ’responsabilizaba’ del desarrollo de los territorios palestinos acabó y lo que quedó fue una simple ocupación militar. Es el Ejército quien decide qué hacer en los territorios palestinos y los políticos sólo intervienen cuando la violencia adquiere niveles preocupantes.

Hace 23 años, otro libro de Peri contribuyó a alejar la vieja idea de que el Ejército era tan sólo el brazo ejecutor de la política de seguridad del Gobierno sin ninguna intervención en su concepción. Ahora define con más precisión lo que podriamos llamar el pensamiento militar en Israel, no como un rasgo único de los uniformados, sino como una mentalidad que alcanza por igual a políticos y militares. Y en la práctica confiere al Ejército un grado de autonomía del que no goza ninguna fuerza militar en los países democráticos.

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The Israeli Military and Israel’s Palestinian Policy: From Oslo to the Al Aqsa Intifada. Yoram Peri, diciembre de 2002. (Texto completo, pdf 64 págs).

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