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Ramón Tamames: Las cuentas de la guerra de Bush

Ramón Tamames: Las cuentas de la guerra de Bush

Casi 2.500 soldados de EE.UU. muertos en Irak, y otros 500 en
Afganistán; más unos 20.000 heridos, muchos de ellos irrecuperables para
una vida normal. Ese es el saldo de vidas truncadas por las operaciones
que el Presidente Bush (hoy en nuestro icono) promovió a partir de 2001
en Asia, con sendas guerras preventivas para castigar a Bin Laden por el
11-S-01 en Nueva York y otros lugares de EE.UU.

Los resultados están aquí: Osama sigue libre, Irak es un laberinto de
violencia, y en Afganistán resurge el poder de los talibanes. Y en ambos
países, ha habido decenas de miles de muertos civiles por las acción de
las tropas invasoras. Al tiempo que el prestigio de EE.UU. en todo el
mundo, y sobre todo en el Islám, está en caída libre. Tanto por el
bochorno de los presos sin derechos humanos en Guantánamo (a los que ni
siquiera se les deja suicidarse en su desesperación), como por los
vergonzantes episodios de la cárcel de Abu Graib, donde efectivos
norteamericanos torturaron y vejaron a los prisioneros de guerra; sin
olvidar a sus primos británicos en Basora y sus aledaños, donde también
se entregaron a toda suerte de desmanes, incluyendo degeneraciones
sexuales varias.

Pero aparte de todas las desgracias hasta aquí reseñadas, está el enorme
coste de la contienda en Irak, que inicialmente el Secretario de Guerra
de EE.UU. (llamarlo de Defensa es un necio eufemismo), el Sr. Rumsfeld,
cifró en 50.000 millones de dólares. De los cuales estimó sería muy
fácil resarcirse, merced al control absoluto del oro negro del país
invadido.

Las cosas sin embargo, evolucionaron, y podrían seguir evolucionando de
manera muy diferente a lo previsto. En ese sentido, según se pone de
relieve en Fortune (3. IV. 06), el Congreso de EE.UU. lleva asignados a
la guerra en la antigua Mesopotamia nada menos que 301.000 millones de
dólares. Y si la asistencia militar al Gobierno títere de Bagdad se
prolongara por diez años, habría que sumar otros 266.000, llegándose de
esa manera a 567.000 millones.

Esa cifra la eleva el Prof. Jospeh Stiglitz, Premio Nobel de Economía y
Catedrático de la Universidad de Columbia, a 1,2 billones de dólares, al
incluir gastos varios; entre ellos, los destinados a rehabilitar a los
soldados heridos, a compras adicionales de armamento y municiones, a más
reclutamiento militar, etc. Y si agregan las secuelas del efecto Irak
sobre los precios del petróleo así como la valoración económica de los
muertos, la cifra final del propio Stiglitz alcanza a 2,2 billones de
dólares: el PIB de España de dos años; o el 20 por 100 del PIB de
EE.UU.; o 30 veces la ayuda oficial al desarrollo de todos los países
ricos a los pobres del mundo en el promedio del último trienio.

Esa será ¿o quizá peor, por aquello de la Ley de Murphy?, la cuenta que
Bush-II dejará cuando abandone la Casa Blanca a comienzos de 2009. Con
el título bajo el brazo, que ya se ha ganado, de peor presidente de
EE.UU. en la historia, desde George Washington en 1787.

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