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Prólogo a «The Yes Men: la verdadera historia del fin de la OMC»

Introducción a cuatro manos, múltiple y abierta a la edición española

Sección:Anticapitalismo
Miércoles 15 de febrero de 2006 0 comentario(s) 3872 visita(s)

Agradecemos muchísimo a Gemma Galdón el texto que nos pasó con el prólogo.

Me tiraste un limón... y me diste en el interfaz

En el Estado español, en los últimos años hemos pasado de un concepto del arte político muy imbuido por la retórica del marxismo conceptualista y los enfoques formales próximos al realismo social a una aproximación a la política más nueva, sexy y pícara, algo que hace cuatro o cinco años fue bautizado con el nombre de “guerrilla de la comunicación”. De hecho, la primera intervención de los Yes Men que recuerdo fue durante la celebración en Barcelona, hace unos cuatro años, de una semana de debates y talleres que reunió a los grupos y organizaciones más representativos de esta nueva moda llamada “guerrilla de la comunicación” con los movimientos sociales y agentes políticos autónomos de la escena local de Barcelona: asistieron personas de “Reclaim the Streets” (Londres), de “Ne pas plier” (París), los alemanes de “Kein Mensch ist Illegal” y “A.F.R.I.K.A Gruppe”, nuestra “Fiambrera Obrera” y una divertida mezcla de RTMark y The Yes Men.

Justo esa semana se hizo la presentación pública del “Manual de guerrilla de la comunicación” (Virus, 2000), y unos meses después la de otro volumen más denso, pretencioso y teórico titulado “Modos de hacer” (Universidad de Salamanca, 2001). Estos dos libros trataron en profundidad los conceptos y estructuras que se esconden detrás de proyectos como el que The Yes Men estaban entonces empezando a preparar y que se presenta en el libro que tenéis entre manos. Transcurridos ya algunos años, lo que se impone ahora es plantear cuán fructíferos han sido estos experimentos y cuánto pueden haber contribuido a cambiar, precisamente, nuestros “modos de hacer”, cuánto pueden haberse infiltrado en las formas en que organizamos y distribuimos nuestra atención y nuestra acción en nuestra vida y la política cotidiana.

Más exactamente, la preocupación que se impone es la medida en que es posible que estos experimentos sólo hayan afectado la superficie cutánea de las formas en que concebimos nuestras políticas, de forma que lo que hace algunos años no era más que una simple manifestación, ahora debe ser necesariamente una especie de “rave” callejera; lo que era un simple discurso ahora debe ser “teatrillo cutre” (como dice Iñaki); y lo que antes era un sencillo y alegre sabotaje debe ser ahora una broma muy elaborada e inteligente, como las que hacen los Yes Men. Evidentemente, se puede alegar que todos estos “debe” no tienen porqué serlo, y que las acciones de sabotaje simples y sencillas son compatibles con intervenciones más estructuradas y coreografiadas. Pero esta no es la clave. Lo realmente preocupante es la “elevación” de la protesta hasta ser “apreciada” por las personas serias, valorada a partir de su idoneidad, su eficacia y otras virtudes y propiedades, y su general disfrute de igual forma en que unos aficionados críticos y comprometidos disfrutarían de un concurso de saltos de trampolín.

¿No sabemos ya lo que está en juego? ¿Y no somos ya bastante conscientes de qué es lo que funciona y lo que no? Encontrar nuevos giros -nuevas flechas para nuestra aljaba o nuevas composiciones para el repertorio de nuestra indignación- puede quedar muy bonito ante el público, puede incluso proporcionarnos la agradable sensación de que progresamos (y es posible que así sea, de la misma forma que las estadísticas de salto de trampolín mejoran cada cuatro años), pero ¿qué se consigue realmente? El escenario de la depredación global sigue siendo muy simple. Quedan algunos detalles por rellenar, pero el escenario básico está ahí, y casi todo el mundo lo sabe. Lo mismo es cierto de la resistencia; las técnicas pueden ser nuevas o pueden pulirse, pero la panoplia básica ya está hecha y es efectiva: la protesta, la barricada, la fiesta en la calle, a veces la urna electoral, quizás de vez en cuando la tomadura de pelo...

¿Y si resulta que, buscando una mayor sutileza y “eficacia”, el activismo acaba siendo víctima de la ansiedad preformativa? Entonces, grupos como The Yes Men habrán acabado contribuyendo a reducir el nivel global de contestación. The Yes Men siempre han enfatizado (1) que la infiltración no requiere ningún talento especial, y en realidad cualquiera puede hacerla; y (2) que la infiltración no es más que una técnica más, útil como fuente de inspiración y quizás también de información, pero sin duda no las más efectiva, ni la más desafiante. Pero ¿hay alguien escuchando? ¿A qué lleva la espectacularización -no la cooptación, como muchos temen, sino la espectacularización por parte de sus propios actores como parte de su estrategia para difundir información e inspiración- de la resistencia creativa?

La respuesta yace en las muchas redes que están aprendiendo cómo organizar su resistencia no sólo en términos de copiar y pegar este o ese formato de acción o intervención, sino que se están dando cuenta de lo importante, y divertido, que es llevar la resistencia a las rutinas y opciones cotidianas, a ese campo de batalla táctico en el que nuestras armas están hechas de formas de hacer las cosas, de reconstruir nuestras relaciones con la gente y los objetos. El sufrimiento y la amargura a la que nos está lanzando a todos el capitalismo no está compuesta sólo por la depredación ecológica y social -que, indudablemente, es importante- sino también por la pobreza de nuestro repertorio de posibilidades para percibir y disfrutar al máximo nuestras vidas y nuestras facultades. Así pues, aprender a percibir las prácticas artísticas de forma política, y evidentemente también la guerrilla de la comunicación, tiene más que ver con la experiencia y práctica de los “modos de hacer” que ésto puede aportarnos que con el mero reconocimiento de este o ese detalle técnico u histórico.

En otras palabras, quizás el tour de force político que The Yes Men ponen en práctica con su trabajo no resida tanto en su crítica concreta a esta o esa institución o empresa, o en las dinámicas del tipo de acción-tomadura de pelo que practican, sino en el tipo de humor, en el sarcasmo apasionado, en el enfoque rotundamente inteligente e irónico que debe desplegarse y que tan peligroso es en tantos otros aspectos de nuestras vidas. Convirtámonos en Yes Men secretos y jodamos alegremente al capital en sus transnacionales... pero a ver si nos lo curramos y aprendemos a ser también secretos y guasones saboteadores de nuestras vidas como consumidores (www.yomango.org), ciudadanos (www.sccpp.org) e incluso amantes (www.pornolab.org).

Disfrutad con el viaje y cambiad lo que no os guste.

Podeis bajaros el documental aquí

El libor está publicado por la editorial El Viejo Topo

The Yes Men
ISBN: 84-96356-53-1
144 páginas
Precio: 15 euros

Reseña aparecida en Rebelión

Un conocido grupo de «artivistas», RTMark, «secuestran» el dominio Gatt.org, al que se relaciona con la Organización Mundial del Comercio, y lo convierten en una fina parodia que denuncia los desmanes del comercio internacional. Pero la parodia es tan fina que muchos no se dan cuenta; medios de comunicación y organizadores de simposiums y conferencias se ponen en contacto con Gatt.org creyendo que están hablando con la OMC, y les invitan a participar en eventos y en programas de televisión. Desde ese momento RTMark se convierten en The Yes Men, unos infiltrados en la estructura del comercio global impecablemente trajeados. Las aventuras de The Yes Men por programas de la televisión americana y congresos de derecho mercantil se recogen en este libro y en la película que lleva su nombre, todo un compendio de episodios a cada cual más alucinante. Lo más increíble es que casi nadie pilla el chiste; Mike y Andy pueden decir las barbaridades más desquiciantes sobre el funcionamiento del mercado global encima de un estrado y nunca pasa nada.

Practican lo que llaman una «corrección de identidad»: Fingen ser representantes de poderosas organizaciones o compañías y se aprovechan de la autoridad de estas entidades para expresar verdades que, evidentemente, estas organizaciones no se atreverían nunca ni a mencionar.

En su última intervención aparecieron en la BBC como portavoces de Dow Chemicals, empresa causante de la catástrofe de Bhopal en India en la que murieron sesenta mil personas. Al declarar que la empresa admitía por fin sus responsabilidades, The Yes Men consiguieron crear un escándalo público de dimensiones mundiales. «¿Sabes cómo los espejos deformantes exageran tus rasgos más horrorosos? Nosotros hacemos esta misma operación, pero con las ideas. Nos parece bien que mientras hablamos la gente pueda ver distorsionadas sus ideas en nuestro juego de espejos. O por lo menos esto es lo que tratamos de hacer, pero resulta que esta imagen distorsionada siempre les resulta absolutamente normal.»

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