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San José de Apartadó: Una experiencia de noviolencia en medio de la guerra

Elaboración propia (Cthuchi Zamarra)

Sección:Documentos
Sábado 23 de octubre de 2004 0 comentario(s) 2048 visita(s)

En la región de Urabá, asolada duramente por el conflicto entre guerrilla y los militares /paramilitares del gobierno colombiano por su situación geoestratégica, hay decenas de comunidades rurales que se han declarado neutrales en el conflicto y sufren por tanto el acoso de todos los actores armados. La primera de ellas, y las más conocida, fue San José, situada en el departamento antioqueño de Apartadó a unos quinientos kilómetros al Noroeste de Medellín, en un paso estratégico a la sierra de Abibé entre los departamentos de Chocó, Córdoba y Antioquía y a muy pocos kilómetros del Mar Caribe, que entra por el Golfo de Urabá. Además de la importancia estratégica se trata de una zona que tiene también mucha importancia económica, situada en plena zona bananera, donde multinacionales como la UNIBAN financia grupos paramilitares para forzar un desplazamiento campesino que les permita aprovecharse de las fértiles tierras que estos ocupan.

Las guerrillas, primero el EPL y luego las FARC, llegaron a esta zona en los años 80, aprovechando la ausencia de presencia estatal, constituyéndose como la única autoridad y cometiendo ya desde entonces abusos y asesinatos entre la población civil, que no se sentía identificada con la insurgencia armada. En los 90 llegaron la fuerzas estatales, con lo que la población empezó a sufrir el acoso de todos los actores armados, acusándoles siempre de pertenecer a la otra parte del conflicto. A finales de 1996 fuerzas paramilitares asesinaron a los líderes del Concilio de la Acción Comunal y del Comité del Mujeres, ante la pasividad del ejército, que había abandonado el pueblo la noche anterior. De hecho durante la estancia en San José los militares habían estado haciendo un trabajo informativo, identificando los objetivos que los paramilitares se encargaron de eliminar.

Apenas unos meses después, en febrero 1997, un grupo de cuarenta paramilitares, entre los que fueron reconocidos antiguos miembros de la guerrilla del EPL, asesinaron a los miembros electos de la cooperativa que recientemente se había formado en el pueblo para dar salida a los productos agrícolas de la zona (cacao, yuca, café, aguacates y arroz, principalmente) y que acusaron de suministrar a la guerrilla. Desde entonces tomaron control absoluto de la carretera que une San José con Apartadó, en la cual se han producido la mayoría de los asesinatos desde entonces. La desmovilización del EPL en la zona, en vez de conseguir una disminución de la violencia, causó un aumento del paramilitarismo, pues muchos guerrilleros ingresaron en las autodefensas ante el acoso de sus antiguos compañeros que todavía peleaban por la insurgencia armada. San José se constituyó como Comunidad de Paz poco después, el 23 de marzo de 1997, inspirados por las declaraciones del obispo de la Diócesis de Apartadó, Monseñor Isaías Durarte (posteriormente asesinado en Cali), en las que instaba a la formación de espacios neutrales que garantizaran la seguridad de la población civil. Sin embargo, fueron los propios campesinos y campesinas las que eligieron la fórmula de Comunidad de Paz ante la política del entonces gobernador de Antioquía, Álvaro Uribe, de calificar como neutrales zonas dominadas por paramilitares o en las que el ejército estaba presente, con lo que se manipulaba el término. La fórmula de Comunidad de Paz implicaba una radical apuesta por la noviolencia, de forma que todos los miembros se comprometieron a no llevar armas, a no comerciar con los actores armados, a no entregar información a cualquiera de las partes, a no pedir ayuda a ninguna de las partes en conflicto y a buscar una solución pacífica y dialogada como solución al conflicto colombiano.

En un principio integraron la Comunidad cerca de 500 personas de varias comunidades y fincas cercanas desplazadas por dos masacres de grupos paramilitares acaecidas a finales del 96 y principios del 97. Por otro lado, en la comunidad viven campesinos que aunque no pertenecen formalmente a la Comunidad de Paz, respetan sus principios, es el caso por ejemplo de los evangelistas, que dice que su religión les impide pertenecer a otra comunidad que no sea la religiosa.

Sin embargo el objetivo de la organización de la comunidad no ha consistido sólo en la unión campesina para sobrevivir a la guerra, sino que también se tiene que hacer cambio de las funciones que deberían corresponder al estado, pero por dejadez o corrupción no ha cumplido. Así los derechos sociales básicos se han convertido en los pilares básicos de la Comunidad de Paz: alimentación, vivienda, educación y salud. Todos estos han de ser resueltos a través de la organización del trabajo comunitario, organizado a través de grupos de trabajo coordinados y un día a la semana, el viernes, destinado a que todos los habitantes del municipio, pertenezcan o no a la Comunidad, lo dediquen a tareas comunes como el mantenimiento de la carretera sin asfaltar que les une con la ciudad de Apartadó.

Pero apenas cinco días después de la fundación de la Comunidad de Paz, se inició una nueva ofensiva militar y paramilitar en la zona, apoyada con fuego aéreo, de forma que dieron plazos de varios días para a abandonar las fincas. De ahí que desde la ONG Comisión Intercongregacional de Justicia y Paz se propusiera a la gente desplazada habitar el caserío de San José de Apartadó, donde viven unas 2000 personas en la actualidad. Desde allí se están poniendo en marcha estrategias de retorno a las aldeas abandonadas basadas en el trabajo y convivencia en grupo, de forma que se pudiera recuperar el territorio perdido y retornar a sus respectivas fincas. De este modo se ha podido retornar a las veredas de La Unión y Arenas Altas, donde la gente vive en pequeños caseríos que distan a unas dos horas a pie cada uno de San José, sin que haya sido posible por la dificultad olográfica y la escasez de medios por la dejadez estatal de realizar un camino más allá de un sendero empantanado, muy propio de las comunidades rurales de Colombia.

Sin embargo el proceso ha sido duro y en estos seis años transcurridos desde entonces han sido asesinadas por los distintos actores armados, aunque de forma especial por los grupos paramilitares, unas 86 personas pertenecientes a la comunidad de paz y otras 20 cercanas. A pesar de todas estas muertes, los propios habitantes de San José consideran que el número de personas asesinadas hubiera sido mayor de no ser por la existencia de la Comunidad de Paz. Como sistema de defensa tan sólo cuentan con la presencia del grupo, con lo que cuando hay situaciones de especial tensión los viajes a Apartadó, situado a unos 12 km por carretera sin asfaltar, se hacen en grupos de doscientas o trescientas personas, puesto que es en el camino donde más muertes se han producido y es imprescindible acudir allí para poder vender el cacao y el plátano que se cultiva en la zona. A lo largo de todo el proceso, el acompañamiento internacional ha sido decisivo para la superviviencia física misma de la comunidad. Así Brigadas Internacionales de Paz (PIB) se desplazan dos o tres veces por semana hasta San José desde su base en Turbo y acompañan a los líderes a las gestiones que tengan que hacer en la ciudad. Por otro lado tres activistas del Felloship of Reconciliation (FOR) se han instalado en La Unión y desde allí bajan a San José los días en que no están los de BIP. De hecho, las masacres y asesinatos se producen en los momentos en que por diversas cuestiones la Comunidad no cuenta con ese acompañamiento internacional.

Las perspectivas de futuro, a pesar de ser poco halagüeñas, debido a la ofensiva militar y paramilitar promovida por el gobierno de Uribe apoyado por el Plan Colombia, pasan por la resistencia y continuidad de la comunidad. Esto se debe porque a pesar de que son campesinos pobres si son desplazados y se marchan a la ciudad pierden lo poquito que tienen, es decir, alimento diario, y se ven arrojados a los enormes barrios invasión de los suburbios urbanos donde los que nada tienen se matan entre sí por conseguir algo de alimento y se convierten en fáciles víctimas de los grupos armados que también por allí campan.

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