Obediencia y desobediencia a la autoridad: el experimento de Milgram (Mercedes Santos)
Sección:Teoría de la Desobediencia civil
Sábado 24 de septiembre de 2005
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OBEDIENCIA A
LA AUTORIDAD. ALGUNAS APORTACIONES DESDE LA PSICOLOGÍA
MERCEDES SANTOS
Psicóloga.
Miembro de Sodepau (País Valencià)
1. LA OBEDIENCIA
A LA AUTORIDAD COMO OBJETO DE ESTUDIO DE LA PSICOLOGÍA
La obediencia a la autoridad es un
tema sugerente para la Psicología, no sólo por la influencia que tiene en la
vida individual de las personas, sino también por su calado en la organización
de la estructura social, legitimada, y que está en la base de las relaciones
sociales estables.[1]
Sabido es que la obediencia
a la autoridad está basada en el principio de Jerarquía que ha sido exaltado,
prioritaria y constantemente, en nuestra cultura porque es uno de sus pilares.
Si no se respetase este principio sería difícil que funcionase una sociedad
entendida como eficiente según los parámetros actuales del sistema.[2]
Esto en un plano general, pero también a un nivel más concreto, el de los individuos,
es la obediencia a la autoridad la que permite una buena protección al sujeto.
El muy socorrido "obedecía órdenes" protege de responsabilidades y
disfraza de "sentido del deber" a posibles impulsos sádicos.
Mucho se ha escrito y
debatido sobre el por qué la persona obedece aunque ese acto la sitúe en contra
de sus principios éticos o de sus intereses. Un amplio abanico de respuestas
se perfilan desde las más diversas disciplinas, pero aquí nos ceñiremos a la
de la Psicología preferentemente. Desde la Psicología Profunda, por ejemplo,
encontramos sugerentes reflexiones que concluyen que la causa de la obediencia
está en el miedo. Miedo a ejercer la libertad y miedo a la soledad.
Desde la Psicología Conductista
se observa que la obediencia es la conducta más reforzada desde la más tierna
infancia.[3] En cambio, la desobediencia es la más castigada.
Se va creando así, poco a poco, algo similar a un reflejo condicionado
hacia la obediencia. Esta situación resulta muy cómoda para toda autoridad pero
disminuye la capacidad de independencia (o espíritu crítico) del sujeto, quien
resulta limitado para su futura vida adulta.
El enfoque de la Psicología
Cognitiva pone el acento en las Ideas Irracionales (creencias erróneas o, al
menos, no demostradas) consecuentes al sentimiento de culpa derivado del continuo
castigo.
Todas estas respuestas
discurren en el terreno de lo psicológico pero también hay tesis biologicistas.
Estas teorías consideran la obediencia a la autoridad como una predisposición
determinada genéticamente, si bien hay general consenso en cuanto a que siempre,
junto a la herencia biológica, hay participación del aprendizaje en toda conducta.
Desde aquel enfoque, determinista, se alzan algunas voces que proclaman la bondad
de la obediencia por considerar que ha sido favorecida por la selección natural,
(dada su utilidad para la preservación de la especie).
Podría ser interminable
la enumeración de interpretaciones o enfoques dirigidos al tema que nos ocupa,
pero debido a la necesidad de ajustarnos a la brevedad exigida para este artículo,
voy a describir a continuación sólo un' experimento científico, impecable desde
el punto de vista metodológico. La investigación fue llevada a cabo por reconocidos
psicólogos de una prestigiosa universidad y tuvo gran repercusión social en
el momento en que se realizó, al desvelar un aspecto del lado oscuro de la naturaleza
humana.[4]
Clasificación de la Obediencia
Antes de describir el experimento
y exponer las conclusiones de su autor sobre los resultados obtenidos, voy a
exponer a continuación la clasificación de Erich Fromm[5] sobre
la Obediencia, que nos ayudará a matizar y situarnos sobre cuál es el tipo de
obediencia al que nos estamos refiriendo:
Obediencia Heterónoma o Sometimiento:
se da con respecto a otra persona y se produce una renuncia a la propia
autonomía.
Obediencia Autónoma o Autoafirmación:
resulta cuando se obedece a los dictados de la propia conciencia. La conciencia,
a su vez, puede ser:
- Autoritaria, cuando se creen propias las órdenes emanadas de la autoridad o de Ios
principios morales (lo que en Psicoanálisis se denominaría Super-yo). Esconde
miedo al castigo.
- Humanística, cuando es independiente de principios morales o de premio/castigo y surge
del conocimiento interior auténtico.
Esta clasificación nos sitúa en una
interesante dialéctica entre Obediencia-Desobediencia porque la Obediencia Autónoma
se afianza a costa de disminuir la Obediencia Heterónoma y viceversa. Este es
el conflicto básico que se va a contemplar en la siguiente investigación.
2. EXPERIMENTO
SOBRE OBEDIENCIA A LA AUTORIDAD DE STANLEY MILGRAM. UNIVERSIDAD DE YALE.

- Stanley Milgram
2.1. Descripción del experimento
S. Milgram diseñó esta investigación
como consecuencia de la inquietud que le produjo la que había llevado a cabo,
unos años antes, un psicólogo social, S. ASCH, sobre presión grupal. Asch encontró
una significativa conformidad en los sujetos ya que elegían la respuesta
incorrecta (a pesar de darse cuenta del error) por imitar a la mayoría (cómplices
del experimentador que cometían el error con premeditación). Los sujetos que
elegían la respuesta correcta, desviándose así de la elección del grupo o mayoría,
se sentían molestos y "en evidencia".
El diseño experimental
contemplaba una serie de experimentos que se alargaron en el tiempo (desde 1960
a 1963) y por los que pasó una muestra superior a las 1000 personas, con manipulaciones
en algunas variables para confirmar la consistencia de lo fundamental de los
resultados. S. Milgram pretendía medir la obediencia a la autoridad y captar
la esencia de la actitud obediente y voluntaria. Naturalmente tuvo que disfrazar
el verdadero objetivo del estudio y lo presentó como una investigación que medía
los efectos del castigo sobre el aprendizaje.
El primer paso consistió
en colocar un anuncio en la prensa local, ofreciendo una paga de 4 dólares,
más gastos de viaje, a 500 personas que cumplieran el requisito de tener una
edad comprendida entre 20 y 50 años. No había ninguna otra exigencia. La autoridad
aquí estaba representada por la Universidad de Yale y ésta, a su vez, por el
experimentador, un catedrático serio y distante que sería quien diera las instrucciones
(órdenes) a los/as voluntarios/as.
Al voluntario/a se le
instruía sobre el castigo que debía aplicar a un sujeto (un contable, rechoncho
y amable) que se encontraba en otra habitación, sentado sobre una silla conectada
a un generador eléctrico. Tenía sobre su brazo colocado un electrodo y recibiría
descargas eléctricas cada vez que se equivocase. El voltaje oscilaba entre 14
y 450 voltios y el experimentador informaba que, aunque las descargas
pudieran llegar a ser dolorosas, en ningún caso podrían ocasionar la muerte.
Iniciado el experimento,
el sujeto que hacía las veces de profesor/a, debía apretar el pulsador (en total
tenía ante sí 30 pulsadores) cada vez que el alumno se equivocaba, provocándole
así una descarga eléctrica. Las primeras eran ligeras pero, una vez alcanzados
los 120 voltios, el alumno comenzaba a gritar hasta el punto de pedir que lo
sacaran de allí. A los 270 el quejido ya era agónico.
Cuando los/as voluntarios/as
que hacían de profesor/a dudaban y preguntaban al experimentador sobre si podían
abandonar su puesto, el experimentador les urgía, con seguridad,[6]
a seguir. El resultado fue que la mayoría (alrededor del 63 %) de los sujetos-profesores/as,
llegó hasta el final es decir, a descargar 450 voltios. En el transcurso
de la pruebas, las reacciones de estos sujetos variaban. Iban desde las risas
nerviosas hasta la crispación, temblores y otras reacciones que convertían a
las personas, ciertamente presentables del principio, en unos desechos humanos.
Pero, a pesar de encontrarse en esta situación, continuaban (más de la mitad
de la muestra) en su puesto, haciendo lo que se esperaba de ellos/as. Obedeciendo.
Finalizados los experimentos,
se informaba a los/as voluntarios/as de que no se dieron, en ningún momento,
descargas reales al alumno y que éste era cómplice del experimentador. Necesario
es también decir que todos/as los/as voluntarios/as eran personas normales,
es decir, sin patología psíquica aparente ni indicios de que pudiese tratarse
de sádicos/as o personalidades psicopáticas.
Como es de suponer, fue
grande la sorpresa de la comunidad científica ante los resultados encontrados
por Milgram. Las críticas se multiplicaron, tanto por posibles fallos en el
diseño experimental como por la falta de ética que se desprendía de la situación
humillante a la que se sometía a los/as voluntarios/as. Aún así el experimento
fue replicado en Europa y Australia, encontrándose
porcentajes todavía más elevados de obediencia al experimentador, hasta alcanzar
en algunos casos el 80%. Así pues, a pesar de las críticas (producidas realmente
por el golpe a la moralidad), finalmente hubo un reconocimiento al trabajo de
Milgram, concediéndole en 1964 el premio de Sociopsicología de la Asociación
Americana para el Progreso de la Ciencia.

A pesar del gran revuelo
social y el hondo pesimismo sobre la naturaleza humana que se desprendía de
este estudio, Milgram publicó sus resultados y las conclusiones más significativas
se describen a continuación.
2.2. Conclusiones
1)
Cuando el sujeto obedece
los dictados de la autoridad, su conciencia deja de funcionar.
2)
Cuando el sujeto obedece
órdenes, se produce una abdicación de la responsabilidad.[7]
3)
Los sujetos obedecen
con mayor facilidad cuanto menos han contactado con la víctima y cuanto más
lejos se hallan, físicamente, de la misma.
4)
Los sujetos con personalidad
autoritaria resultan más obedientes que los no autoritarios (clasificados así
tras responder a un test de tendencias fascistas).
5)
Cuanto más cerca (físicamente)
está la autoridad, se obedece más fácilmente.
6)
A mayor nivel de formación,
menor intimidación produce la autoridad, por lo que se produce una disminución
de la obediencia.
7)
Mayor propensión a obedecer
entre las personas que han pertenecido a las Fuerzas Armadas o instituciones
similares, donde es importante la disciplina.
8)
No hay diferencias significativas
entre hombres y mujeres, si bien las mujeres obedientes se ponen más nerviosas
que los hombres obedientes.
9)
El Sujeto tiende a encontrar
autojustificaciones a sus actos inexplicables.
El propio S. Milgram quedó impactado
por los resultados obtenidos en sus experimentos, máxime cuando el pronóstico
de que se disponía, era que no se hallaría más de un 1 o 2% de sujetos (que
además debían padecer algun tipo de patología no
diagnosticada) que llegaran a apretar las palancas hasta el final. Pero ¿qué
es lo que hace que el sujeto siga sentado en su silla, apretando las palancas,
infligiendo daño a otra persona[8] y además hacerlo voluntariamente?[9]
Algunas de las conjeturas de Milgram iban desde la cortesía y compromiso hacia
el que se sentían obligados/as para no dañar el experimento, hasta el hecho
de que su mente estuviera absorta en los detalles técnicos y no prestara atención
a las consecuencias de sus actos.
3. ANÁLISIS
DE LAS CONCLUSIONES
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